La Universidad Pública del País Vasco organiza la charla 'En defensa de Stalin'

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“La educación es un arma cuyo efecto depende de quién la tenga en sus manos y de a quién apunte.” (Josef Stalin).

Que no te extrañe no haber leído ni oído ni una sola mención de los socialistas, del gobierno, ni de las feminazis sobre el acto que convocó este jueves una organización juvenil comunista en la Universidad Pública del País Vasco “En defensa de Stalin”.

Rusia Hoy

Hemos llegado al s.XXI para que un grupúsculo de niñatos use los Auditorios de edificios públicos con el objetivo de blanquear a genocidas. ¿Cómo te quedas?

¿Qué pasaría si se convocara un acto de las mismas características “En defensa de Hitler”? ¿Y si fuera “En defensa de Franco”? ¿Cómo habrían reaccionado los políticos? ¿Por qué se permite en este caso?

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Muy orgullosos no deben de estar en la UPV/EHU cuando al filtrar en su web los eventos, no hay noticias respecto a la charla que hubo esta semana. De hecho, la propia Universidad no se ha hecho responsable de dicho acto y alega que hay mucha gente que usa las instalaciones de forma incorrecta. Alucinante, ¿verdad? Curiosamente, esta misma convocatoria se quiso celebrar hace meses en la Universidad de Granada y se suspendió.

Los organizadores de este tipo de actos han sido Plataforma Universidad Obrera (en el caso de Granada) y la Juventud Marxista-Leninista (Reconstrucción comunista) en el de ayer.

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¿Cabe el debate y la defensa de actuaciones de genocidas en una sociedad democrática y plural como la nuestra? Si es comunista, como Stalin, sí. Si es de otro tipo de ideología, por supuesto que no.

Para los que no lo conoce, Stalin fue el discípulo perfecto de Lenin y uno de los grandes genocidas de la historia de la humanidad, causante de millones de muertes en Rusia, Ucrania o Polonia

Stalin hizo un llamamiento a la clase obrera (¿os suena de algo?) pidiendo que se aplastara a todos aquellos que osaran hablar contra su régimen, bajo amenaza de detención y posterior envío a campos de concentración gulags.

Como un iceberg, la punta de la represión estalinista solo supuso un pequeño aperitivo del total de muertes. A partir de 1930 se desencadenó la llamada Gran Purga o Gran terror de Stalin. Cientos de miles de miembros del Partido Comunista Soviético, socialistas, anarquistas y opositores fueron perseguidos, juzgados y, finalmente, desterrados, encarcelados o ejecutados en los campos de concentración. 

Todo ello sirvió a Stalin para consolidar su poder y limpiar la disidencia trotskista y leninista de todos los órganos soviéticos. De los seis miembros del Politburó original (el máximo órgano de gobierno), únicamente Stalin sobrevivió a su ascenso, mientras cuatro fueron ejecutados y Trotsky, desterrado, sería asesinado en México en 1940. A su vez, de los 1.966 delegados del XVII Congreso del Partido Comunista celebrado en 1934, 1.108 fueron arrestados y encarcelados para ser ejecutados en la mayoría de casos.

Según la 'Encyclopædia Britannica' se estima que entre seis y ocho millones de personas murieron debido a la hambruna, siendo la mayoría de los fallecidos de origen ucraniano. No en vano, el historiador británico Robert Conquest advierte, en su libro «La cosecha del dolor: La colectivización soviética y la hambruna de terror», que si se extiende la muestra de 1930 a 1937 los campesinos muertos se elevan hasta los once millones.

La clave del régimen stalinista fue concentrar al mayor número posible de fanáticos, aunque no estuvieran cualificados para ejercer en los puestos de más responsabilidad.

Además de sembrar el pánico en Rusia con su gran purga, Stalin obligó a los ucranianos a colectivizarse, impidiendo el desarrollo de la agricultura y la ganadería y provocando una ola de hambre y pobreza nunca antes conocida.

A todas las muertes provocadas directamente por órdenes de Stalin se podría sumar las bajas derivadas de la Segunda Guerra Mundial. En este conflicto Stalin viró de una alianza con la Alemania Nazi al principio de la guerra hasta una lucha sangrienta contra las tropas alemanes que, hasta la toma soviética de Berlín, causó la muerte de 8,5 millones de soldados y 17 millones de civiles, así como la pérdida del 30% de la riqueza natural de toda la URSS. El dictador suplió el mal armamento y adiestramiento de sus hombres a base de ingentes cantidades de combatientes: la masa interminable de soldados fue su mejor baza en la guerra.

Alexánder Solzhenitsyn se hizo muy popular en plena Perestroika con su libro 'Archipiélago Gulag', donde estimó en 66,7 millones de víctimas del régimen soviético entre 1917 y 1959. Sin embargo, hoy esa cifra se encuentra bajo cuarentena ante la dificultad de separar hambrunas, desplazados, bajas militares, represaliados y exiliados. A partir de 1991, se pudo acceder a los archivos oficiales y proponer datos basados en documentación soviética. Los autores de 'The Road to Terror: Stalin and the Self-Destruction of the Bolsheviks, 1932-1939' calculan que solo en la Gran Purga se vieron afectadas unos cuatro millones de personas, pero incluso aquí es complicado separar a los fusilados y asesinados en los interrogatorios de los que huyeron al extranjero o fueron enviados a regiones del norte.

Ni siquiera hoy existe una cifra oficial del total de muertos, oscilando el cálculo de los historiadores modernos entre los cuatro y los 50 millones de personas.

Después de saber todo esto, la pregunta es ¿cómo se puede blanquear a un dictador de esta índole? ¿Por qué permitir el uso de instalaciones públicas para promoverlo?

Algo se está haciendo muy mal en este país cuando los adultos les permiten a los jóvenes fomentar discursos en defensa de los genocidios, vengan de donde vengan. Lo próximo qué será, ¿un homenaje a ETA? Perdón, eso ya ha pasado. Incluso algún diputado se atreve a ponerse una camiseta de apoyo a Maduro, causante de cientos de muertes en la Venezuela actual.