1641-1651: La década en que Cataluña fue francesa y acabó pidiendo ayuda para volver a España

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El siglo XVII fue un siglo convulso para Cataluña. Después de décadas de revueltas y quejas por tener que sufragar el pago de un ejército, el de Felipe IV, y protestas por tener que ceder parcialmente su administración a un poder superior.

Cataluña formaba parte del reino de Aragón y tenía administraciones e instituciones propias, que fueron respetadas por los reyes de la casa Habsburgo.

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En 1640, con Pau Claris al frente de la Generalitat de Cataluña, se vivieron varias revueltas sociales y sublevación de los estratos más bajos de la sociedad. Los gobernantes catalanes se aliaron con Luis XIII, enemigo director de Felipe IV que buscaba debilitar a España como fuera. Un acuerdo que terminó formalizándose con el 'pacto de Ceret'.

El ejército de Felipe IV acudió a Cataluña para frenar la sublevación e impedir el acuerdo con Francia. La situación se volvía insostenible y Claris firmó una alianza con el monarca galo. Este pacto se basaba en que el ejército francés entraría en Cataluña para combatir contra las tropas de Felipe IV.

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En enero de 1641 la Junta de Brazos, las Cortes sin el Rey, aceptaron poner a Cataluña bajo la protección del rey de Francia con un gobierno republicano. La Republica catalana que nació entonces fue una solución transitoria para forzar un acuerdo con Madrid. Francia instó a Cataluña a reconocer a Luis XIII como su soberano para aceptar la intervención francesa. Días después, Luis XIII fue nombrado nuevo conde de Barcelona. El 26 de enero el ejército franco-catalán derrotó a las tropas de Felipe IV, que no volverían a Cataluña hasta 1651.

Sin embargo, Cataluña terminó viviendo una situación mucho peor a la deseada. Se convirtió en un campo de batalla entre el ejército francés y el español. Pero lo peor de todo es que los catalanes terminaron pagando un ejército y cediendo su administración a un poder extranjero. Precisamente las dos razones que les habían hecho rebelarse contra España.

Luis XIII nombró un virrey francés y colocó en la administración catalana a sus aliados profranceses. A medida que esto pasaba, los catalanes tenían que soportar cada vez más impuestos para costear al ejército galo. Además, los mercaderes franceses comenzaron a competir con los catalanes, obteniendo mayores prebendas gracias al dominio francés en el territorio.

Todo esto llevó a un nuevo estallido social en Cataluña, muchos campesinos tenían la sensación de que vivían mucho mejor al amparo de Felipe IV y de España que bajo el mandato francés.

En 1651 Juan José de Austria comenzó un asedio a Barcelona para recuperar la plaza. El ejercitó franco-catalán terminó rindiéndose y se reconoció a Felipe IV como soberano y a Juan José de Austria como virrey catalán. Francia fue la que más beneficios sacó de esta situación, mientras que Cataluña vivió una de las peores décadas de toda su historia.