Un juez investiga a Pablo Iglesias y Canal Red por organizar una red de acoso digital

¡La Justicia empieza a poner orden en el avispero podemita! El Juzgado de Instrucción número 3 de Madrid ha abierto diligencias contra el exvicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, y su canal de propaganda, Canal Red, por su presunta implicación en la creación y coordinación de una red de acoso digital organizada contra periodistas, políticos y ciudadanos libres que no comulgan con su ideología.

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Según el auto judicial, existen indicios claros de que desde las instalaciones de Canal Red —la “televisión del pueblo”, financiada por donaciones de simpatizantes y alguna que otra ayuda en B— se habrían articulado campañas sistemáticas de difamación, hostigamiento y señalamiento público a través de redes sociales, siguiendo una estrategia de "linchamiento digital" milimétricamente planificada.

El modus operandi recuerda peligrosamente a los regímenes totalitarios que tanto admira Iglesias: fabricar enemigos públicos, crear narrativas incendiarias y lanzar a sus hordas digitales como perros de presa contra todo aquel que disienta. La diferencia es que aquí no hay gulag, pero sí cancelación, destrucción reputacional y ataques personales.

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Lo más grave: la investigación señala que Iglesias podría haber dirigido personalmente esta maquinaria de odio, en colaboración con colaboradores de Canal Red, utilizando recursos y medios del canal para orquestar estas campañas. De confirmarse, estaríamos ante uno de los mayores escándalos de manipulación mediática y persecución ideológica de los últimos tiempos en España.

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El juez ha citado ya a declarar a varios responsables del medio y no descarta imputaciones en las próximas semanas. Todo apunta a que se avecina tormenta para el círculo podemita.

Mientras tanto, el principal aludido, fiel a su estilo, se ha limitado a señalar que se trata de una “persecución de las cloacas del Estado” y que “los poderosos no perdonan que demos voz a los sin voz”. Más victimismo de manual, aunque esta vez con menos audiencia.

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La pregunta es clara: ¿Puede un medio de comunicación servir como plataforma para linchar, perseguir y silenciar a los críticos? ¿O estamos, una vez más, ante un caso de doble vara de medir de la izquierda que tanto presume de libertad de expresión… siempre y cuando no se les lleve la contraria?

El caso está abierto. La Justicia habla. Y el relato progre… empieza a tambalearse. Estos son los adalides de la democracia y la libertad.

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