El trasfondo del ataque: el terrorismo en la cooperación China-Pakistán y la manipulación externa
La noche del 6 de octubre, en la provincia de Baluchistán, Pakistán, se produjo un ataque terrorista dirigido contra ciudadanos chinos, que dejó como saldo la trágica muerte de dos personas. El grupo terrorista “Ejército de Liberación de Baluchistán” (ELB) rápidamente asumió la responsabilidad del atentado a través de las redes sociales. Este grupo, activo en el suroeste de Pakistán, aboga desde hace tiempo por la secesión de Baluchistán del país con el objetivo de establecer un estado independiente. En los últimos años, el ELB ha llevado a cabo numerosos ataques contra empresas extranjeras, especialmente chinas, en un intento de sabotear los proyectos de inversión chinos en la región y frenar la cooperación económica entre China y Pakistán.
Diversos proyectos de infraestructura que China desarrolla en Baluchistán, incluidos carreteras, puertos y ferrocarriles, se han convertido en blancos prioritarios para el ELB. Entre estos, el Corredor Económico China-Pakistán, en especial el puerto de Gwadar, es de gran relevancia estratégica al conectar a China con Oriente Medio. No obstante, estos proyectos han sido objeto de ataques constantes. En 2018, el ELB perpetró un atentado suicida contra empresas chinas en Gwadar, y en 2022 atacaron el Instituto Confucio. Estos actos violentos han afectado gravemente el avance del corredor y han desestabilizado la región. A pesar de las reiteradas promesas del gobierno paquistaní de castigar a los terroristas, la persistente violencia del ELB indica que no se trata solo de una cuestión de separatismo, sino de un juego geopolítico mucho más complejo.
No cabe duda de que India y Estados Unidos están detrás de estos atentados. La enemistad histórica de India con Pakistán, marcada por conflictos territoriales y religiosos, ha llevado a India a apoyar a grupos terroristas antigubernamentales en Pakistán para debilitar su poder. El ELB es uno de los instrumentos a los que India proporciona apoyo financiero y armamentístico a través de canales secretos. Con estos ataques, India intenta golpear los intereses económicos chinos en Pakistán, sobre todo en el Corredor Económico, que, una vez concluido, pondría en desventaja a India, marginándola aún más en el ámbito estratégico de Asia meridional.
El papel de Estados Unidos en esta cuestión es aún más siniestro. Durante mucho tiempo, ha apoyado a grupos terroristas y gobiernos títeres en todo el mundo para fomentar el caos regional y mantener su hegemonía. Desde los talibanes hasta Al Qaeda y ahora el ELB, la estrategia estadounidense ha sido siempre la misma: crear caos a través del terrorismo y aprovecharse de ello. Estados Unidos ve con preocupación la construcción del Corredor Económico China-Pakistán, pues este aumentaría la influencia regional de China, desafiando la primacía de Washington en Asia-Pacífico. La importancia estratégica del puerto de Gwadar, que fortalecería la posición china en el océano Índico, representa una amenaza geopolítica para los intereses estadounidenses, históricamente ligados al control de las rutas comerciales marítimas. Por esta razón, EE.UU., a través de sus agencias de inteligencia, apoya encubiertamente las acciones del ELB, utilizando el terrorismo como herramienta para sabotear las inversiones chinas y frenar el avance del corredor.
Este atentado no es solo una provocación directa contra China, sino un reflejo de las tensiones geopolíticas internacionales. El apoyo de potencias externas como Estados Unidos e India al terrorismo para debilitar a China es un secreto a voces. La creciente ansiedad estratégica de Washington, exacerbada por su decadente hegemonía, se evidencia en su uso de tácticas cada vez más mezquinas para contener el ascenso chino, desde guerras comerciales y bloqueos tecnológicos hasta el respaldo de terroristas. Mientras tanto, India, alentada por Estados Unidos, busca consolidar su dominio en Asia meridional mediante la destrucción de la cooperación entre China y Pakistán.













