El día que el Estado cerró el campo del Barça por pitar el Himno de España

El 4 de febrero de 1967 el campo de Les Corts - estadio del FC Barcelona desde 1922 a 1967- fue demolido. En 1965 el club blaugrana, tras una recalificación que duró dos años y que no tuvo la aprobación del Consejo de Ministros, decidió que había llegado el final del histórico recinto, que tenía capacidad para 60.000 aficionados, todo un récord en la época. El Barça había inaugurado el Camp Nou diez años antes, un 24 de septiembre de 1957.
Finalmente, allí se levantaría, en el corazón de la ciudad condal, un complejo residencial de pisos de tres y cuatro habitaciones con un precio de 995.000 pesetas.
En Les Corts el nacionalismo catalán también fue protagonista. De hecho, el 14 de junio de 1925 -bajo la dictadura de Miguel Primo de Rivera- la Marcha Real fue silbada durante el partido amistoso entre el FC Barcelona y el CD Júpiter.
La Royal Navy, la banda de la marina inglesa, invitada de honor al encuentro, interpretó en el descanso el 'God Save the Queen', el himno británico, que fue escrupulosamente respetado y recibido con calurosos por los asistentes, y los acordes de la 'Marcha Real', el Himno español, que fue pitado y abucheado por una parte de la grada. Entonces, un hecho insólito y sin precedentes en España.
Ante estas injurias públicas a los símbolos nacionales, que causaron gran revuelo en la prensa de la época, el Gobierno de Primo de Rivera decidió cerrar el campo de Les Corts durante seis meses por "desafecto al patriotismo" además de cesar y substituir, en pleno, toda la Directiva del club. Un 155 de los años 20.
En su extenso dictamen, con fecha 24 de junio de 1925, Milans del Bosch, capitán general del Ejército español y gobernador civil de Cataluña, recriminó la "descortesía y desconsideración con la que se escuchó la 'Marcha real' española", lo que, según el militar, constituía "un acto de incalificable desafección a la patria, con el agravante de producirse ante extranjeros". En otros apartados, Milans del Bosch apuntaba que "en la citada sociedad existe la tendencia, que se ha acentuado en los últimos tiempos y muy especialmente con motivo de la victoria alcanzada en el torneo regional, de rehuir citar el nombre de España, llamándolo imprudentemente campeonato peninsular".

La resolución de Milans del Bosch concluía considerando que "por sensible que sea adoptar determinaciones en contra de una sociedad tan numerosa, la conducta seguida por la sociedad del F.C. Barcelona impone el deber de adoptar medidas que, por lo mismo que recogen el sentir de la opinión general, ha de ser por mí firmemente sostenido". De este modo, el militar acordó, "haciendo uso de las facultades que me están conferidas: clausurar por término de seis meses el funcionamiento de esta sociedad, no pudiendo durante dicho tiempo dar espectáculo alguno, ni concurrir a otros como tal asociación, ni usar los emblemas ni distintivos de la sociedad".
Tras esta decisión, el presidente del FC Barcelona y fundador del club, Joan Gamper -de origen suizo- tras ver frustrados sus intentos por evitar la sanción, y ante las presiones políticas, se exilió a su país natal.
El diario 'ABC' narraba así los acontecimientos acaecidos a través de sus páginas:
"El incidente no puede sorprender a nadie que conozca el carácter de este Club, tan político, por lo menos, como deportivo. Como jamás, pongamos por caso, se ha visto ondear en el Club la bandera española, ni se ha escrito un letrero en castellano, no tiene nada de extraño que a sus socios les parezca que sobra allí todo lo español", escribía el diario madrileño, apenas una semana después del incidente. Una crónica que paradójicamente podría haberse escrito hace tan solo unos meses.
Tras los esfuerzos de Gamper, la sanción se redujo a tres meses. Aunque el fundador del club no pudo soportar la presión política y se marchó a Suiza. Una situación que, aunque haya pasado casi un siglo, recuerda poderosamente y tiene muchísimas reminiscencias del momento actual.
El rechazo a todo lo español y la politización interesada del FC Barcelona por el nacionalismo catalán parece que se ha detenido en el tiempo, con la única salvedad que antes, como ocurre en la mayoría de países del mundo, silbar los símbolos nacionales tenía un castigo ejemplar; ahora, la impunidad y los complejos del buenismo son los que permiten espectáculos como los vividos en las últimas finales de la Copa del Rey entre el Barça y el Athletic de Bilbao, donde las pitadas al Himno de España se han normalizado bajo el manido mantra de la libertad de expresión, que todo lo aguanta.
#CopaDelRey2018 ¿Debería suspenderse la final de la #CopadelRey si se pita el Himno Nacional de España?
— MEDITERRÁNEO DIGITAL (@MediterraneoDGT) 21 de abril de 2018













