No importa cuándo leas esto (IIª Parte): el Barça gana en el Bernabéu

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Después de casi 90 años de clásicos, el FC Barcelona le dio la vuelta a la historia. Por primera vez en cinco décadas, los azulgranas superan al Real Madrid en el cómputo global de duelos particulares (96 victorias a 95), gracias a otro triunfo, el segundo en el Bernabéu en cuatro días, el cuarto consecutivo en la Liga, un triunfo del Barça que entierra de forma casi definitiva las aspiraciones de los blancos. Apeados también de la Copa del Rey por su eterno rival (0-3) solo pueden aferrarse ya, una temporada más, a su inverosímil romance con la Champions.

Completando un partido bastante más estimable que el de su victoria en el torneo del KO, los azulgranas tuvieron suficiente con un gol de Rakitic para liquidar a un adversario que cada vez tiene más aspecto de tótem derruido del final de un ciclo.

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Un cambio, Arthur por Semedo, causó una mutación absoluta en el Barça. Resultado: otra gobernanza, nada que ver con la del duelo copero del pasado miércoles. Un cambio, sin más, Bale por Lucas Vázquez, rajó al Real Madrid. Resultado: el gallego siempre pasa revista, el galés lleva casi seis temporadas en el club, pero aún es un forastero. Nada que ver con el choque copero, esta vez el Barça fue el supuesto Barça, el que suele fardar de poner en marcha como nadie el contador de pases. La causa, Arthur, un jugador de pegamento, la médula del Barça post Xavi, post Iniesta. Un brasileño que maniobra en microespacios, un futbolista que bien podría haberse acunado en La Masia. Distrae cuando conviene, busca cuando es necesario y hasta para confundir si es preciso. Sobre él gravitó esta vez el cuadro de Valverde, lo que le propició mucho más control, otra vía de escape. Suficiente para desteñir al Real Madrid, en esta ocasión un equipo muy elemental, con todas las costuras abiertas. No da para más.

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Frente al aroma de Arthur, el Madrid apenas ofreció respuesta, remitido a un fatigoso estilo. Caso de Modric, que en este Madrid aturdido se ve abocado a un papel de resistente, más obligado a la intendencia que a un papel arquitectónico. De Kroos, su eterno colega en el medio campo, no hubo ni migas, como ocurre desde hace tiempo. Sin uno y otro, y con Bale a lo Bale, sobado, de puntillas por un partido tan atómico. El galés, de morros estos tiempos, está por estar, más reivindicativo con sus malos modos que con su fútbol. Hasta el Bernabéu le pitó.

Sin ser un Barça deslumbrante, a los azulgrana les bastó con la jerarquía de Arthur durante algo más de una hora, el nomadismo de Messi para articular el ataque y, sobre todo, con el reinado de Piqué, imperial en Chamartín, alguacil impecable de cada madridista que intentara echar el anzuelo cerca de Ter Stegen. Al contrario que el pasado miércoles, el meta alemán no tuvo tantos focos. Piqué le hizo de interruptor, ganador de los asaltos propuestos por los de Solari. La mayoría, centros a granel al área. Incluso Vinicius, en esta jornada más rebajado, perdió más de un duelo con Piqué, flotador extraordinario del Barça en cada arrebato de un Madrid que otra cosa no tuvo. El central catalán fue un muro infranqueable para los delanteros madridistas.

Más pinturero el Barça liguero que el copero, galvanizado por Arthur y sostenido por Piqué, el grupo de Valverde embridó el partido desde el inicio. Más reconocible, el cuadro azulgrana tiró de muleta, templó y mandó hasta dar con la diana. Lo hizo Rakitic con sutileza tras una asistencia de Sergi Roberto antes de la media hora. Ya lo había probado Messi con un toquecito de palanca, y con 0-1 la tuvo Suárez, pero se interpuso Courtois. Jugaba el Barça, resistía el Madrid, con un chute de orgullo. Es lo que le queda.

Apretó el Madrid tras el descanso, pero el Barça solo necesitó cinco minutos para recuperar el control. Junto después de una larga y magnífica acción de todo el equipo que desembocó en un remate desviado de Dembélé, Valverde hizo entrar a Arturo Vidal en sustitución de Arthur y el juego azulgrana ganó en músculo, forcejeo y recuperación todo lo que perdió en fútbol.

El partido se convirtió entonces en un toma y daca de escaso brillo en el que las noticias más interesantes para el madridismo fueron la estruendosa pitada que se llevó el inoperante Bale al ser sustituido y los coros de apoyo a Isco cuando el malagueño compareció en el césped.

Al final, segundo asalto azulgrana al Bernabéu en solo cuatro días. Cuarto triunfo seguido en las últimas cuatro Ligas. Una gesta inimaginable hace apenas unas décadas, que refleja hoy el cambio de ciclo del fúbtol nacional. En Europa es otra historia. En la última década, el Barça ha convertido el Santiago Bernabéu en el teatro de sus sueños. Otra victoria de una noche para recordar.

► Crónica original: El País