No importaba la mujer, sí las subvenciones y el despilfarro

Al fin Andalucía respira aires de libertad, de cambio, de 36 años de empoderamiento, término que ha acuñado el feminismo patológico, irreverente, fanático, que no razona e impone.

Al fin Andalucía respira aires de libertad, de cambio, de 36 años de empoderamiento, término que ha acuñado el feminismo patológico, irreverente, fanático, que no razona e impone.

En Euzkadi nos enteramos de manera fragmentada sobre lo que ocurre en Catalunya por las noticias que las televisiones generalistas buscan, eligen, cosifican, procesan y nos dicen. Pero ocurren muchas más cosas que de saberlas nos darían asimismo otra idea de lo que acontece y sin que lo sepamos, a veces, nos pronunciamos sin mucho conocimiento de causa.

Ha cundido la alarma entre los casi dos millones de andaluces que votaron a favor de un cambio de Gobierno en la Junta de Andalucía y también entre los muchos millones de españoles que han visto el resultado de las autonómicas andaluzas como el anuncio esperanzador de una nueva etapa política en España, a causa de las dificultades surgidas de cara al voto de investidura del nuevo jefe del Ejecutivoregional por la exigencia de Vox de que se suprima el punto 84 del acuerdo entre PP y Ciudadanos. El tratamiento dado por la izquierda al fenómeno de la denominada violencia de género ha suscitado polémica desde su arranque durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero. Fracasado el marxismo como doctrina económica, política y social, y también como sistema de interpretación de la Historia, es bien sabido que el socialismo ha sustituido esta doctrina periclitada por sucedáneos que le permitan utilizar el mismo esquema con fines de movilización electoral. En este contexto, el feminismo radical y su cobertura conceptual, la ideología de género, representan una herramienta de eficacia considerable para fabricar artificialmente una clase oprimida, las mujeres, frente a otra opresora, los hombres, cuya mera existencia es una amenaza de carácter estructural que debe ser neutralizada mediante todo tipo de medidas legislativas, educativas, culturales y sociales, dedicando a ello ingentes recursos presupuestarios y humanos. Este constructo formidable ha dado lugar a la aparición de una densa red clientelar de asociaciones y ONGs que se nutren de subvenciones, sector de actividad que en Andalucía en particular ha alcanzado un volumen realmente llamativo. Las leyes de violencia de género, tanto a nivel nacional como autonómico en el caso andaluz, son un detallado compendio de afirmaciones teóricas, por un lado, como de políticas concretas a desarrollar por otro que obedecen a este sesgado planteamiento de las relaciones entre los dos sexos y que han suscitado serias dudas entre juristas, psicólogos, antropólogos y especialistas diversos sobre su capacidad de reflejar fielmente la multidimensional realidad del binomio hombre-mujer en las sociedades democráticas avanzadas.

Durante mi instancia como preso preventivo en la cárcel de Navalcarnero durante diez meses, he podido observar y constatar un conjunto de situaciones, comportamientos que ponen en evidencia las carencias del sistema penitenciario.

Han pasado algo más de seis meses de la llegada al poder de Pedro Sánchez, tras la moción de censura a Mariano Rajoy, y el caos es ciertamente una verdad incuestionable. En estos momentos, se está produciendo un desastre a la griega, pero de forma ultra rápida. Algo que no nos podemos permitir. Por ello, el periodo en el Gobierno del presidente okupa se podría resumir en caos, inestabilidad, purgas estalinistas, despilfarro público, colaboracionismo con el secesionismo, sectarismo e ignorancia en todos los niveles. Vamos un auténtico esperpento sin la menor duda, que evidentemente ha comportado un año fatal para la economía española, repercutiendo terriblemente en la bolsa y provocando un aumento muy notable de la deuda pública sin apenas notarse en el bolsillo de los contribuyentes.

Esta mañana desayunando en una cafetería, mientras ojeaba el diario local, por pocos me da un ataque de ira, cabreo y ansiedad, al ver las ridículas penas que están aceptando los acusados que se están declarando culpables, convictos y confesos, en el llamado “caso Plaza”, el mayor latrocinio de dinero público en Aragón: unos 180 millones de euros que se dice pronto, o 30.000 millones de las antiguas pesetas…

Acaso lleve a equívoco el título porque, evidentemente no se refiere a la izquierda moderada y tolerante. Lo de tarada es como afectada por alguna tara mental o laguna en su cerebro le impide reconocer la realidad, manipulándola, tergiversándola y, por supuesto, a su favor. O quizás que muchos políticos son mezquinos en grado sumo con rasgos psicopáticos de nula empatía en su realidad.