Solo pueden estar a favor de reformas como ésta de aprobar el bachillerato con una asignatura suspendida, los vagos y los malvados. Pero además, los segundos, los malvados, tienen la maquinaria completamente en marcha para fabricar cantidades ingentes de los primeros, los vagos. Y por desgracia, los vagos van creciendo en número en España y manteniendo en el poder a los malvados. Vamos, que las causas y las consecuencias de este tipo de reformas, están mucho más relacionadas con el control que busca el sistema sobre la España futura, de lo que los que se quedan en lo superficial pueden vislumbrar.
El PSOE saca el peor resultado de la historia en Andalucía y la derecha suma por primera vez en la democracia para gobernar con la fuerte irrupción de VOX. Fallando al completo el CIS de Tezanos, indudablemente, porque es una encuesta cocinada y pagada con el erario público de todos los españoles, y de este modo pierde mucha credibilidad.
Ayer, más que nunca, la izquierda muy lejos de felicitar a Vox, el que realmente triunfó y salió de la nada, rezumaban rencor, veneno y odio por cada poro de su piel a través del ataque, de etiquetar y de insultar. Quieren formar un dique para destruir la voluntad del pueblo que ha dado doce diputados a una formación por la vía democrática de las urnas. Mírense al espejo y busquen al causante de su caída en picado, el incompetente, narcisista y despilfarrador Pedro Sánchez al que tendrían que ponerle un dique para que no pactase con separatistas y proetarras anticonstitucionales, todo por aparentar y cual mitómano imaginarse que es quien no es.
Parece extraño que pudiendo elegir, muchos elijan siempre la peor opción. Pero así es. Debe ser una peculiaridad de la condición humana o lo que yo he llamado en numerosas ocasiones la irracional inteligencia colectiva.
En el único lugar donde la Constitución española no se aprobó fue en Euzkadi. El PNV se abstuvo aquel 6 de diciembre de 1978 y los votos afirmativos no llegaron al 30%, frente al 605 como media española, mientras en Catalunya más del 90%, que se dice y escribe pronto, dio el SI.
Las elecciones andaluzas del 2 de Diciembre trascienden ampliamente su dimensión territorial y adquieren, debido a las especiales circunstancias de la política española en estos momentos, una notable significación en el contexto general del país. El Gobierno se encuentra en un estado de evidente inestabilidad y todo apunta a unas elecciones generales en los primeros meses del próximo año. Los factores que determinan la fragilidad del Ejecutivo son cinco, y ninguno de ellos baladí: la imposibilidad de aprobar los presupuestos sin el concurso de los separatistas catalanes, que ya han anunciado su negativa, porque sus exigencias respecto a sus dirigentes presos y al ejercicio del derecho de autodeterminación no pueden ser satisfechas ni siquiera por un desaprensivo sin escrúpulos del calibre de Pedro Sánchez; la creciente frialdad de la relación del PSOE con Podemos originada por el solemne ridículo que ha hecho Pablo Iglesias después de la escenificación de su pacto de gobierno en La Moncloa al ver cómo este logro se derrumbaba como un castillo de naipes por la actitud nada colaboradora de los golpistas, a los que el líder morado no ha podido convencer de que cambien de posición; la severa crítica recibida por las cuentas del Estado por parte de Bruselas, que augura una negativa a darlos por válidos; el número de ministros reprobados o puestos en entredicho por razones diversas. Serie de desastres coronada recientemente por la multa de la Comisión Nacional del Mercado de Valores al ministro de Exteriores por inside trading y por haber faltado descaradamente a la verdad en sus explicaciones del desaguisado. Y, por último, el descrédito del equipo en su conjunto, que empezó como “bonito” y es percibido ya como una suma de incompetencia, improvisación, incoherencia y mera imagen sin sustancia.
Uno de los referentes más relevantes de la justicia española, lo representa el fallecido José Manuel Maza.
Su aportación y contribución a una mejora del funcionamiento de la justicia, nos dejó un legado no ya en sus impecables resoluciones cuando fue magistrado de la Sala 2ª del Tribunal Supremo, sino también, cuando se le nombró Fiscal General del Estado.