La Sentencia de la no rebelión
A unos días de desenterrar al Generalísimo y a otros pocos más de acudir por segunda vez consecutiva este año a las urnas, la tan esperada Sentencia del ‘procès’ ya está aquí. Nuestro Tribunal Supremo confirmó el lunes que los líderes independentistas cometieron en Cataluña delitos de sedición, malversación de fondos públicos y desobediencia. Si bien este fallo pone punto final a una deliberación de cuatro meses, no nos engañemos: el punto y aparte del independentismo no ha hecho más que empezar. En honor a la Democracia, hemos de reflexionar sobre las incógnitas de este gran puzle sociopolítico: ¿existió estrategia política en la filtración del sentido del fallo para preparar a la ciudadanía? ¿Por qué los siete magistrados del Alto Tribunal han entendido que los procesados deben ser condenados por un delito de sedición, con la consecuente aplicación de penas menores, en lugar de un contundente delito de rebelión? ¿Saldrán los condenados de la cárcel según cumplan una cuarta parte de su condena? O peor, ¿serán indultados por el actual gobierno en funciones como medalla pacifista para granjearse votos el próximo 10 de noviembre?


















