Los independentistas golpistas han conseguido transmitir juntamente con Pedro Sánchez, el mensaje que la cuestión catalana es una cuestión política y que debe resolverse con el diálogo en una mesa de negociación.
No tengo ninguna duda de que deberían ser condenados judicialmente los responsables de la película blasfema de Netflix en la que Jesucristo es homosexual y la Virgen, una prostituta, pero si un tentáculo del sistema, sus tribunales, es quien debe castigar a otro tentáculo del sistema, en este caso este grupo cómico brasileño con la gracia del culo, nunca mejor dicho, que además está realizando una misión encargada por el sistema, pues evidentemente se irán de rositas. El ataque al catolicismo es continuo, sobre todo desde aproximadamente 1717 en que la masonería cobra fuerza y empieza a controlar el mundo. Ahora, además, con la existencia de internet y las redes sociales, podríamos decir que ese ataque es diario y sobre todo como esta gentuza, que es mucho más peligrosa de lo que parece, sabe que en estas fechas navideñas (también lo hace en Semana Santa) sus ataques le van a resultar económicamente más rentables y tendrán más éxito mediático, pues aprietan el acelerador porque saben que su daño al catolicismo se acrecienta en estas fechas.
La liquidación de la soberanía nacional en España, ha tenido como principal protagonista a la izquierda política de este país. No han sido los únicos culpables. Éramos muchos los que nos alegramos de la caída del telón de acero en 1989, escenificado con la caída física del muro de Berlín, muchos los que pensábamos que se abría un nuevo mundo de esperanza, reconciliación y libertad, después de años de tiranía y opresión por parte de los regímenes comunistas en gran parte de Europa. No fuimos conscientes de que a la felicidad inicial y a la desaparición del comunismo en Europa, se le unió una nueva reorganización del tablero internacional. Llego lo que conocemos como la globalización, una vez roto el equilibrio este oeste.
Ya estamos en Navidad; paseando por la calle vemos a la gente más animada que de costumbre, alegre, sonriendo, como si de verdad fueran felices. Los escaparates, profundamente iluminados con infinidad de luces de colores, parece que sonríen a los incautos ciudadanos, ofreciéndoles mil y un productos perfectamente superfluos, absolutamente innecesarios. Las principales arterias ciudadanas se van iluminando poco a poco, con múltiples coloridos. ¡Ya estamos en Navidad! Todos se animan y empiezan a pensar en los días de vacación, como si el ocio, antítesis del trabajo, fuese la felicidad. Como si el trabajo, la “obra bien hecha”, que diría Eugenio D´Ors no fuese vocacionalmente la auténtica realización personal…
Seamos claros ¿qué se celebra exactamente a finales de diciembre? Ya no somos una sociedad agraria, que depende del conocimiento astronómico para saber cuándo sembrar y cuándo cosechar y que espera anhelante que se repita el ciclo cósmico. Tampoco somos una sociedad religiosa: ya hemos desterrado lo misterioso y la fe de nuestras vidas para abrazar una libertad y una felicidad que a ninguna parte nos llevan.
Charlando con agentes de diferentes cuerpos policiales, todos coinciden en que la inseguridad se ha disparado en Cataluña. Desde la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) se lamenta que la oferta de empleo público y promoción interna en la Guardia Urbana de Barcelona y el cuerpo de Bomberos sea insuficiente. Recordemos, que todos los índices de criminalidad han aumentado en la ciudad condal y por lo tanto es una completa irresponsabilidad por parte de la Administración que no se tomen las medidas necesarias para cambiar esta grave situación.