Indisoluble hipocresía del alma judía

La inabarcable historia milenaria del pueblo judío, perseguido en todo el mundo, expulsado de todas las naciones, errante de pueblo en pueblo, no ha sido solo por el desprecio cristiano contra ese pueblo deicida que aún no ha pedido perdón por la condena en cruz del Dios encarnado, sino por su esencia hipócrita, basada en la especulación usurera y sus técnicas de engaño, y la infiltración subterránea en todas las esferas de la sociedad, económica, social  y religiosa, penetrando astutamente hasta en los estratos más sagrados, como en el Estado Vaticano.

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Cristo, Nuestro Señor, les llamó, entre otras lindezas, “sepulcros blanqueados; raza de víboras; hipócritas; no sois hijos de Abraham, sois hijos del  diablo” (Jn. 8).

Desde que la Santa Inquisición dejó sus funciones de filtro y condena contra las herejías, y enemigos de la Iglesia Católica, la infiltración de esta raza viene haciendo el diabólico papel de la conquista económica y política-anticristiana del mundo, con su masonería tan camuflada como efectiva.

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Son los enemigos de Dios y de las Patrias, buscando ese rebaño manejable e impersonal del Nuevo Orden Mundial, NOM, o globalización, bajo la tiranía de un sionismo empeñado en derrotar el Reinado de Nuestro Señor Jesucristo, poniendo en su lugar al ídolo del becerro de oro, o por mejor decirlo, al oro del becerro.

Nuestro Francisco Franco, en su testamento nos predijo: “No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana, están alerta”.

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Así lo demuestran los hechos posteriores.

Es la  milenaria persecución contra Aquel que los burló resucitando al  tercer día de su crucifixión.

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La larga historia de este pueblo privilegiado por Dios Yahvé nacer en él el Salvador-Redentor del mundo, salvándole contra los pueblos opresores, le han tomado como una garantía de super raza por ser el “pueblo  elegido por Dios”, interpretando el  (Salmo 2, 8, bíblico) que dice: “Tú eres mi hijo, hoy yo te he engendrado… Pídeme y haré de las gentes tu heredad; te aré en posesión de los confines de la tierra. Podrás regirlos con cetro de hierro, romperlos como vasija de alfarero”.

El  último genocidio en pleno siglo XXI, lo hemos visto televisado, contra el pueblo palestino, con esa prepotencia soberbia del judío, inimaginable a estas alturas…democráticas.

¡AHORA, YA NO SE ACUERDAN DE HITLER!

Reducen así el Reinado universal del Mesías que en su raza iba a nacer, como un encargo político de conquista de los Estados y sus tierras.

Ellos, que siguen negando la realeza y divinidad de Cristo,  y le persiguen subrepticiamente en el esoterismo de minar los cimientos de la civilización cristiana, como esa “cuscuta” de raíces invisibles que chupa la savia de las plantas herbáceas, se sienten con derechos de usurpación mundial, en absurda contradicción de su supuesto legado divino.

Su “Dios” es el  vientre del poder diabólico, y su ídolo es el becerro de oro del “tanto tienes, tanto vales”.

Así, sigue la eterna historia de las espadas en alto de “la ciudad de Dos y la ciudad del mundo”, de que habló San Agustín.

En esta guerra contra Irán, este pueblo de Israel maneja al pueblo                          norteamericano por las deudas económicas seculares y “por ser Irán el único país en Oriente Medio que le queda como enemigo, no tanto por cuestiones de creencias porque su existencia trae la guerra en Oriente Medio, y el  conflicto usurpador de Palestina y países adláteres” (como bien dice Don Pedro de Alvarado en su artículo “No soy sofista” de El Español Digital, el 26 de marzo de 2026).

No he defendido al judío en mi artículo “Nuevos sofistas” (24 de marzo de 2026), sino la intervención de legítima defensa contra la tiranía musulmana teocrática de Irán y sus crímenes públicos contra su pueblo.

Ha sido un toque de atención para el mundo libre, aunque ya sabemos que Occidente peca de otros defectos por la decadencia moral  del   condenado liberalismo materialista, como del ateísmo comunista destructivo del humanismo y la civilización cristiana.

La letra de la ley no puede ser un parapeto para justificar la tiranía.

No todo lo legal es siempre lo moral.

Ahí está el caso salvador de Venezuela, por Trump, y el abogado brasileño Felipe Hasson, especialista en Derecho Internacional, apoyando esa intervención norteamericana en Venezuela. Legítima defensa contra tiranos, sean de la estirpe que sean.

Que además de esa lucha antimisiles atómicos posibles e incontrolables en manos fanáticas por Irán y las economías del petróleo, se pueden frenar las masacres públicas de la teocracia.

Nuestros defectos liberales, no justifican los orientales teocráticos judíos, los mayores racistas de la Humanidad.

El mundo está carente de autoridad firme y si la antorcha de la Verdad revelada, eterna y universal, del Dios único está “bajo el celemín” (Mat. 5), mal puede lucir la ley convencional de los Estados.

Si el mal del mundo se puede resumir en una sola palabra del sentido común de la sabiduría popular de la inculta “tia Chucha” de mi pueblo, como la “descojonación”, en términos religiosos, se la puede resumir como la… “descristianización” de Occidente.