Una nueva Transición

Es difícil hacerse una idea, sin haber sido testigo directo de la historia, de lo que realmente significó la Transición en España. Para quienes hemos nacido en democracia y vemos el derecho al voto como algo natural, nos expresamos con libertad y podemos significarnos políticamente por convicción y sin necesidad de escondernos para hacerlo, todo lo que representa el pasado, queda desdibujado en un cierto halo de recuerdo que conocemos por boca de nuestros padres y abuelos y que a buen seguro habrá dulcificado el paso del tiempo, que todo lo cura y que se encarga de poner, siempre, cada cosa en su lugar.
He oído hablar mucho de la ejemplaridad del proceso de la Transición en España. La versión oficial que (me temo) predomina y llega hasta mi generación es, en gran medida, la que divulgan los medios de comunicación (por todos conocidos gracias a su habitual independencia e imparcialidad). La misma que defiende la actual clase dirigente. Y, propia de la mayoría de quienes se atrincheran en el Sistema. Pero, ¿y el resto?, ¿lo que no nos han contado o que al menos se silencia intencionadamente para no ahondar en un análisis un poco más riguroso y profundo y un poco menos idílico?
Deduzco, como no podía ser de otro modo, que existe una verdad fuertemente extendida, pero no por ello más cierta, de que el buen hacer de la clase política y la generosidad de los españoles, evitaron males mayores. El trabajo conjunto y de manera unitaria por superar los obstáculos, ayudó a construir una España democrática, modélica y con enorme proyección de futuro.
Lo último lo comparto con absoluta seguridad. Que España es una, que puede ser verdaderamente democrática y que si todos trabajamos en conjunto, podremos ser modelo de futuro, es innegable. Pero para todo ello, aún hay mucho por hacer y muy poco por lo que felicitarnos, dadas las circunstancias.
Si nos parásemos a pensar en el hecho de que no disfrutamos una verdadera Democracia, porque ni existe la separación efectiva de poderes, ni una verdadera representatividad entre Gobierno y gobernados; porque el disfrute de libertades, se encuentra fiscalizado por una oligarquía política que gestiona en la alternancia de un bipartidismo confuso y desideologizado en lo importante; y, lo sumamos todo ello a la relajación progresiva de una sociedad conformista, y acomodada en un aparente bienestar relativo, ... me pregunto si todos estaríamos tan de acuerdo en afirmar con tal rotundidad ciertas cuestiones.
Me da la sensación de que pasamos por alto algunos detalles importantes. El Sistema Electoral vigente es resultado del trabajo de algunos pocos, que no convocaron Cortes constituyentes para asumir la construcción de una Constitución (por lo que en sentido estricto deberíamos hablar de "Carta Otorgada") refrendada por un Jefe de Estado designado previa y programadamente sucesor y no como resultado de la elección de los españoles (que se limitaron a ratificarlo en unas elecciones plebiscitarias). En mi opinión, y con la perspectiva del tiempo y la objetividad de lo ajeno, sin emociones, prejuicios o rencores, no existió una verdadera ruptura con el régimen anterior.
Y quizás, por ello, y con la confianza puesta en lo que todavía podemos construir sobre bases sólidas, con arreglo a principios verdaderos y no en función de cuotas negociadas por unos cuantos para el reparto de poder, me pregunto si lo hemos hecho lo mejor posible o si, por el contrario, nos toca asumir que en realidad lo que ahora vivimos en presente, no es más que la prueba irrefutable de que tenemos que asumir papel protagonista, esta vez sí, en una verdadera y "nueva Transición".
María Jamardo, Presidenta y Portavoz Nacional de Sociedad Civil y Democracia | http://www.scd.es/












