La burbuja política

Hemos sufrido de forma directa y devastadora, las consecuencias de una crisis mundial que a España nos ha devuelto no sólo a la realidad más dura e implacable en lo económico para recordarnos que no podemos ni debemos permitir que nos obliguen a vivir por encima de nuestras posibilidades; sino que, nos ha enfrentado a la innegable dosis de crudeza que supone encontrarse con uno mismo para descubrir que aquello que creíamos ser en realidad, era sólo un "espejismo" y nunca mejor dicho.
Las decisiones siempre tienen consecuencias. Si las primeras se basan en nobles intereses y se fundamentan en razones coherentes que buscan un bien común, derivarán en resultados positivos.
Sensu contrario si se toman arbitrariamente pensando en el corto plazo y persiguen objetivos de rentabilidad individual elevada, pero de escasa eficiencia social, sucede exactamente lo opuesto. Y esto, precisamente, es lo que nos ha pasado. Hasta la fecha y desde mucho tiempo antes de llegar a desembocar en donde nos encontramos, hemos dejado que tomen decisiones por nosotros quienes lejos de gestionar con responsabilidad e inteligencia, han procurado obtener el máximo provecho, a cargo de no arriesgar absolutamente nada propio.
Por eso, el mayor de nuestros problemas no ha sido en realidad la burbuja inmobiliaria, ni la financiera,... sino precisamente una mucho más voluminosa y resistente a los intentos de desmoronarla desde fuera, pero que no tiene ninguna consistencia si entre todos y por contra nos proponemos hacerlo desde dentro.
Una burbuja política, que sigue fagocitando la salud democrática y nutriéndose del erario público. Que incrementa el gasto aún a sabiendas de que la capacidad de financiación a cargo del contribuyente ha rebasado hace tiempo su límite por exceso y que, apura sin demasiado pudor todas las ventajas y privilegios de un sistema, hecho a medida, que ha fracasado estrepitosamente.
Esta crisis nos ha hecho despertar la conciencia de lo que nos han permitido ser. Es un buen punto de partida para preguntarnos frente al espejo, qué es lo que queremos ser en realidad. Sentar las bases de nuevo no resultará sencillo, pero es necesario si queremos que en el futuro nada parecido vuelva a suceder. Como imprescindible y urgente es desinflar esa burbuja política que nos engulle como ciudadanos, antes de que nos explote entre las manos.
María Jamardo, Presidenta y Portavoz Nacional de Sociedad Civil y Democracia | http://www.scd.es/












