Justicia en reality show

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Deberíamos estar casi acostumbrados a que un juez sea noticia no por su encomiable trabajo como jurista, sino porque sobre él pese acusación por (presunto) delito de prevaricación. Esta afirmación que podría resultar aberrante e incluso excepcional en otros países, tiene una connotación específica en España, donde hace tiempo que por múltiples ejemplos hemos constatado que la independencia del poder judicial sólo existe en un plano teórico muy abstracto.

Leyendo en positivo la realidad del enunciado, tal hecho, sólo redundaría en demostrar que la Ley tiene que ser respetada por todos, por igual (aunque haya quedado manifiestamente claro que no todos seamos iguales ante ella). Lo negativo, deriva del matiz concreto en que cuando se trata de un juez y siempre en función de la ideología o simpatía por uno u otro color político que se le atribuya, el tratamiento mediático del caso y su persona es diferente. Aunque, pensándolo bien... esto tampoco debería sorprendernos.

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Al margen de dirimir cuestiones previas que, por su propia entidad, necesitan de todo un artículo para la reflexión, como lo del acceso a la carrera judicial vía cuarto turno o las designaciones políticas de los miembros del CGPJ entre otras, es incomprensible que ante conductas de idéntico alcance unos sentenciados en firme sean presentados por algunos medios de comunicación (ya viejos conocidos) como verdaderos mártires, mientras otros son condenados incluso antes de haberse iniciado de facto el proceso. Y vaya por delante que, si cualquier delito parece reprochable, en el caso concreto de la prevaricación de un juez, resulta si cabe más insoportable y odioso.

Juez o no, cualquier imputado o acusado tiene la posibilidad y el derecho de defenderse con los medios que los procedimientos judiciales ponen a su disposición y que, además, en el primer caso y de forma especial y cualificada, se presume debe conocer perfectamente. Lo que no se entiende, ni deberíamos permitir es que los medios de comunicación sirvan como plataformas para ejercer el derecho de defensa o foros de impartir justicia. Televisiones, prensa, radio... no pueden ni deben ponerse a disposición de otra cosa diferente que la información objetiva sobre la realidad, porque hacerlo, significa convertir la justicia en reality show y a los jueces en indeseables e innecesarios protagonistas.

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Da la impresión, de que cuando se carece de argumentos legales para ejercer o reclamar la justicia con rigor, se aprovecha el oportunismo del circo mediático para manipular a la opinión pública en base a criterios que más tienen que ver con el populismo y la notoriedad que con el ejercicio de una responsabilidad tan delicada como la de decidir sobre la culpabilidad o inocencia e incluso la actividad profesional o libertad de los ciudadanos, con independencia de quienes sean.

Ahora acusan a quien intentó encarcelar al señor Blesa. No seré yo quien defienda a ninguno de ambos, no soy abogado, ni jurista; pero, si la memoria no me falla, recuerdo que por haber retirado el pasaporte a otro "poderoso" que simpatizaba con la izquierda, al señor Gómez Liaño (a quien más tarde Estrasburgo dio la razón) se le apartó de la carrera judicial y todos los que hoy defienden a propios aplaudían entusiasmados entonces a extraños. Parece que poco o nada tiene que ver con la justicia la igualdad, sino la oportunidad del acceso mediático. ¡Qué barbaridad!.

Dejemos que los jueces hagan su trabajo. Dejemos que Justicia e Información, sean de verdad independientes. Sólo de este modo tendremos la plena certeza y la mejor garantía tanto de que la Ley es igual para todos, como de que todos somos iguales ante la Ley.

María Jamardo, Presidenta y Portavoz Nacional de Sociedad Civil y Democracia | http://www.scd.es/