¿Qué significa hoy ser español?

Ante la inmensa y masiva avalancha migratoria que estamos viviendo en España, y en Europa en general, ante el cambio más que evidente del paisaje humano en nuestras calles con otros rasgos, otros idiomas, otros vestidos y otras costumbres, otras músicas, otros comercios… La alteridad total y el reemplazo total de la identidad a la que estábamos acostumbrados, particularmente, los que nacimos en los años 1970 y 1980, la pregunta es muy pertinente: ¿Qué significa hoy ser español?

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Y no es una pregunta tan sencilla como puede parecer a simple vista. Está sujeta a múltiples respuestas dependiendo del entrevistado. Para los actuales hijos y nietos de españoles la respuesta es obvia: somos nosotros y lo serán nuestros hijos y nietos. Puedo estar de acuerdo si considero que la nacionalidad es un movimiento histórico continuo que pasa de una generación a otra. Pero esto conlleva algunos problemas.

¿En qué momento nace la españolidad de alguien? Los españoles no emergieron de la tierra de esta península y siempre permanecieron aquí. Además ¿Qué sucede con los hijos y nietos de españoles que afirman no serlo? Ciertamente resulta llamativo ver a patriotas decir que un documento no te convierte en español, burlarse de separatistas con la frase “¿qué pone en tu DNI?”

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Es verdad que un documento no te convierte en español si el parámetro que lo valida es otro, lo que da pie entonces a más problemas: si es la raza caucásica, entonces un granjero de Massachussets puede serlo; si es el idioma, entonces un aborigen de Bolivia puede serlo; si las costumbres, cada región y cada rincón tiene las suyas, y cambiando en cada época; si la cultura… ¿qué cultura?; si es un sentimiento individual, entonces entramos en la categoría de los transgénero; si es la residencia, en la época de la globalización líquida no hay nada más inestable.

Sí, la aceleración de la globalización está arrasando las identidades y los territorios hasta sus cimientos. Se nos dice que es el regreso del nomadismo, pero es algo mucho peor. Un nómada clásico era un individuo que se desplazaba con su grupo, con su tribu, dentro de un mismo territorio (los tuaregs nunca abandonaron el Sahara). Actualmente, este neonomadismo es un acto individual y abarca todo lo que conocemos como Occidente. Es el desarraigo absoluto de personas de todo el planeta hacia determinadas zonas, las cuales abandonarán a su vez si las circunstancias lo hacen necesario.

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Retomando la pregunta ¿qué significa hoy ser español? me atrevo a contestar que es la posesión del documento emitido por el Estado español que lo acredita. Y nada más. Cierto es que muchos de los “nuevos españoles” lo son por motivos meramente económicos, del mismo modo que nadie les ha forzado a elegir esa nacionalidad entre las diversas de Europa. También es verdad que a nadie se le obliga a serlo, estando las fronteras abiertas. Por lo que la frase burlona “¿qué pone en tu DNI?” es la más cierta de todas: España es un departamento más de la estructura occidental, sin ninguna voluntad soberana, luego ser español es como estar en tal o cual sección de una empresa. Este es el mundo actual.

Si hace siglos ser español era simplemente ser un súbdito del rey de España, independientemente del territorio, el idioma, la raza e incluso la religión, en el tiempo que nos ha tocado vivir y en la situación que se encuentra nuestra patria, el tecnofeudalismo de las grandes corporaciones nos hace ser súbditos de Google, Amazon, Tesla, Visa o Palantir. Nuestra verdadera “nacionalidad”.

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¿Hay solución o hay un método para salir de todo esto? Sí, y un simple vistazo a nuestro alrededor nos puede dar algunas claves.

La soberanía es el principio básico de toda nación, que es tanto como decir que una persona es libre y capaz para decidir. Rusia es una nación soberana, y China, e Irán, también el Estado sionista y Corea del Norte. Porque controlan sus recursos, porque tienen poder militar, porque dirigen su economía, porque viven su cultura. Algo que España y muchos países europeos no.

Por supuesto, Israel, Irán o Corea del Norte dependen de su adhesión a bloques más grandes: EEUU, Rusia o China. Porque esa es la escala actual donde es factible y posible la soberanía: la magnitud a escala planetaria (por eso el objetivo de cada conflicto es dividir y trocear al rival: Yugoslavia, la antigua URSS, el fomento de movimientos separatistas…)

Por eso mismo, para que la España que el sedimento de siglos de historia formó pueda llegar a sobrevivir, sin caer en utopismos (la España de los años 1980 no va a regresar), es necesario saber en primer lugar a qué bloque pertenece. Si se desea una España como Estado-nación independiente, la única salida es la norcoreana: aislamiento y militarización con arma atómica incluida (y un gigante a nuestras espaldas); si se desea una Europa soberana, es preciso un movimiento paneuropeo opuesto a la Unión Europea; si se desea una iberofonía con bases en idioma e historia comunes, es preciso admitir la dificultad geopolítica y el hecho de dos siglos de separación en todos los sentidos.

Y claro está que, si se logra controlar la frontera, la puerta de nuestra casa, es necesario proyectar y ejecutar el plan de la Remigración como única solución al caos social, económico e identitario que ha provocado la inmigración salvaje y descontrolada. Una situación lógica, por otra parte, tras haber renunciado a ser algo más que un departamento.

Ser español se termina cuando ya no hay ninguna misión que cumplir.