Marruecos amenaza con romper todos los acuerdos con España si la final del Mundial 2030 no se celebra en Casablanca
La relación entre España y Marruecos vuelve a caminar sobre el alambre. Y esta vez el nuevo campo de batalla tiene forma de balón: el Mundial de Fútbol de 2030, que ambos países organizarán conjuntamente con Portugal, se ha convertido en otro elemento de tensión diplomática mientras Rabat intensifica su ofensiva para conseguir que la gran final se dispute en Casablanca y no en Madrid.
La pugna ya ha dejado de ser estrictamente deportiva.
La profunda interdependencia económica entre España y Marruecos, las inversiones millonarias previstas con motivo del Mundial y los intereses de centenares de empresas españolas presentes en territorio marroquí convierten cualquier deterioro de las relaciones entre Madrid y Rabat en un asunto con consecuencias potencialmente multimillonarias.
En determinados ámbitos políticos y empresariales existe ya preocupación por las consecuencias que podría provocar una escalada diplomática si España cuestionara seriamente la presencia de Marruecos en el Mundial o llevara hasta sus últimas consecuencias la batalla por conseguir la final.
Por ahora, sin embargo, no consta públicamente una amenaza oficial del Gobierno marroquí de romper los acuerdos comerciales con España por este motivo.
Lo que sí existe es una extraordinaria red de intereses económicos que Rabat conoce perfectamente.
España y Marruecos se juegan miles de millones
España es desde hace años uno de los principales socios económicos de Marruecos y el Gobierno español ha destacado reiteradamente la importancia estratégica de las relaciones comerciales entre ambos países.
Los intercambios bilaterales superan los 22.500 millones de euros anuales, mientras centenares de compañías españolas operan directamente en Marruecos y miles mantienen relaciones comerciales habituales con el país norteafricano.
El propio Gobierno ha impulsado durante los últimos años una mayor presencia de empresas españolas en sectores estratégicos marroquíes como infraestructuras, transporte ferroviario, agua, energía, turismo, digitalización y construcción.
Y el Mundial de 2030 promete multiplicar el negocio.
Carreteras, líneas ferroviarias, hoteles, aeropuertos, telecomunicaciones y estadios forman parte de un gigantesco programa de inversiones en el que las empresas españolas aspiran a conseguir contratos multimillonarios.
El problema para Madrid es evidente: economía, diplomacia y Mundial están cada vez más entrelazados.
Marruecos quiere la final
Rabat tiene un objetivo prioritario: conseguir que el partido más importante del Mundial de 2030 se celebre en el futuro Gran Estadio Hassan II de Casablanca, un gigantesco recinto con capacidad proyectada para alrededor de 115.000 espectadores.
España, por su parte, considera que tiene argumentos suficientes para organizar la final.
El presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, ha defendido públicamente que no existe ningún motivo para que España no albergue el partido decisivo.
El Santiago Bernabéu parte como una de las grandes opciones españolas.
Sin embargo, durante las últimas semanas han aumentado las informaciones que apuntan a la enorme influencia que Marruecos está desplegando dentro de la FIFA.
El diario británico The Times llegó a publicar que Gianni Infantino habría prometido la final a Marruecos a cambio de apoyos políticos dentro de la organización.
La FIFA lo negó tajantemente.
El organismo internacional asegura que todavía no existe ninguna decisión sobre dónde se disputará la final del Mundial 2030.
Pero la guerra ya ha comenzado.
España amenaza incluso con plantar cara a la FIFA
La tensión aumentó todavía más después de que diferentes informaciones señalaran que dentro de la RFEF se ha llegado a estudiar la posibilidad de llevar las negociaciones hasta sus últimas consecuencias si Marruecos consigue finalmente quedarse con la final.
La situación coincide además con el enorme deterioro político provocado por la reciente crisis migratoria de Ceuta.
Partidos ideológicamente tan alejados como VOX, Sumar, Podemos e Izquierda Unida han cuestionado durante las últimas semanas que España deba continuar organizando el Mundial junto a Marruecos.
VOX ha reclamado directamente su exclusión.
Desde sectores de la izquierda también se ha solicitado revisar el acuerdo de organización conjunta.
La cuestión que hace apenas unos meses parecía inimaginable ya ha entrado en el debate político español:
¿Debe España organizar un Mundial junto a Marruecos si Rabat mantiene una política hostil hacia los intereses españoles?
Marruecos conoce perfectamente dónde puede presionar
La extraordinaria relación económica entre ambos países actúa simultáneamente como garantía de estabilidad y como punto de vulnerabilidad.
España necesita a Marruecos para controlar la inmigración irregular, combatir el terrorismo y mantener abierta una de las relaciones comerciales más importantes del Mediterráneo.
Marruecos necesita a España como puerta de entrada hacia Europa, inversor, cliente y socio económico.
Pero Rabat ha demostrado durante las últimas décadas que entiende perfectamente el valor político de esa interdependencia.
Por eso cualquier choque relacionado con el Mundial trasciende inmediatamente el deporte.
Miles de empresas, contratos públicos, inversiones y proyectos estratégicos dependen de que las relaciones entre ambos gobiernos continúen funcionando.
Y precisamente ahí reside buena parte de la capacidad negociadora marroquí.
La batalla por el Mundial acaba de empezar
España tendrá 11 estadios en el Mundial, frente a los seis previstos en Marruecos y los tres de Portugal.
Madrid considera por tanto lógico que el partido decisivo se celebre en territorio español.
Pero Marruecos no parece dispuesto a renunciar.
El rey Mohamed VI ha convertido el Mundial 2030 en uno de los grandes proyectos estratégicos del país y Casablanca quiere culminarlo organizando la final más simbólica de la historia del campeonato: la del centenario.
España tiene ahora que decidir hasta dónde está dispuesta a llegar.
Porque detrás de la pelea entre el Bernabéu y el Hassan II ya no existe únicamente una batalla por un partido de fútbol.
Hay prestigio internacional, influencia política, miles de millones en inversiones y una compleja relación diplomática entre dos países condenados a entenderse y acostumbrados también a medir permanentemente sus fuerzas.
Y todavía quedan cuatro años para que ruede el balón.
España se retirará de la organización del Mundial 2030 si la final se juega en Marruecos













