El Papa popstar

La visita del Papa a España está generando los habituales, y esperados, comentarios en todas partes. Es la fiebre del momento y todo el mundo aprovecha para intentar sacar provecho. Todo normal.

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En 2011 nos visitó el Papa Benedicto XVI, aunque fue en agosto y con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebraba ese año en Madrid. Los políticos del momento, bajo el gobierno de Rodríguez Zapatero, el ahora investigado por corrupción, también actuaron según el guion esperado. Solo con una diferencia: la izquierda más radical organizó manifestaciones que terminaron con cargas policiales, en las cuales protestaban sobre todo por temas relacionados con la crisis económica.

En 2026, 15 años después, solamente podemos ver a alguna dirigente llorando en las redes sociales porque el Papa ha dicho en el Congreso de los Diputados que el aborto y la eutanasia están mal. Y por supuesto, ni manifestaciones ni cargas policiales, ni nada. La visita del Papa se parece mucho a la visita de una popstar, y a los hechos me remito.

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Ver al Papa sentado en un trono en un escenario, digno de una gala de los Premios Goya, mientras hay dos presentadores de un programa de variedades del sábado noche, a la vez que un grupo de cuatro personas: el presidente de la CEOE y la presidenta de Cepyme por la patronal, y los dos jefes de los sindicatos CCOO y UGT, hacían un mitin conjunto ante Su Santidad, para rematar con Rozalén (hija de un excura) cantando… Solo faltó que le dieran un Goya honorífico. Por la película que han montado entre todos.

Esta visita está teniendo una gran audiencia en todos los medios y en líneas generales todo el mundo sacará sus conclusiones, normalmente a su favor: monarquía reforzada, Pedro Sánchez mesías de la multipolaridad, VOX diciendo que hay que aplicar la política de extranjería del Vaticano, la izquierda tiñendo al Papa de rojo y diciendo que son cristianos ateos, los globalistas alabando las condenas a lo identitario, los católicos sacando pecho, los hispanistas también, etc. Y es que en eso se ha convertido la religión actualmente: es un instrumento.

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Lo de ser un instrumento es verdad que los ateos hace siglos que dicen que la Iglesia no es más que eso. Ojo, la Iglesia. Igual que los primeros socialistas, los cuales solamente criticaban a la Iglesia, sin poner en duda la existencia de Dios e incluso pretendiendo ser mejores intérpretes del mensaje de Jesús. Todo el mundo arrimaba y arrima el ascua a su sardina, y en esta visita esto ha quedado patente.

Lo cual, por otra parte, me lleva a pensar que hay un interés por parte de las elites para controlar, todavía más, el hecho espiritual, con una Iglesia reducida a una opinión más, con servicio asistencial a los pobres incluido. Un Poder blando más donde implantar el discurso oficial de la moral democrática, la única admisible.

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Ya que, por un lado, tenemos a una Iglesia dispuesta a legitimar la inmigración masiva, a condenar cualquier soberanismo, a moderar cualquier demanda social juzgada extremista, o aceptar el discurso ecologista como un deber moral. Por el otro, tenemos a una clase política que jamás va a defender la fortaleza de la familia, que jamás va a limitar el maltusianismo del aborto o la eutanasia, que siempre va a seguir recortando derechos sociales y que nunca frenará la invasión tecnológica en nuestras vidas.

Este es el pacto. El de una Iglesia que se mueve a favor de la corriente, porque ya renunció a liderarla o contrariarla. Por eso, recibir, escuchar y aplaudir al Papa tiene tanto compromiso como hacerlo con cualquier popstar.