Cataluña al borde de la catástrofe absoluta

Cataluña vive una situación excepcional. El contexto es surrealista y muy decadente, y encima como si fuera poco, siembra muchas dudas en el camino por culpa de una Declaración Unilateral de Independencia respecto a España, que por cierto ahora se encuentra en suspense, a pesar de no tener ningún tipo de validez jurídica.
La pronunciación de independencia por Carles Puigdemont, del pasado 10 de octubre, seguramente fue el acontecimiento más insólito y ridículo de la democracia española en la política catalana. De declaración habían muchos expectativas diferentes sobre lo que podría pasar, y se encuadraba dentro de la hoja de ruta del separatismo catalán desde el inicio del proceso secesionista, pero pasó a ser la mayor vergüenza para el núcleo duro (la CUP, ANC y Ómnium Cultural) de los separatistas y en general para la mayoría de independentistas, aunque los primeros más afectados que nadie, al ser quienes más se creen la viabilidad de un proyecto paralelo al común español.
Y mientras esto ocurría en la sede parlamentaria de Cataluña con todo el parque Ciudadela cerrado a las masas sociales, en las afueras y pie de calle, los partidarios de la independencia pasaron de la alegría y el furor por la independencia que esperaban con entusiasmo a una cara de desolación, tristeza y fatalidad, tras ver a través de una pantalla como el Presidente de la Generalidad les fallaba.
En cualquier caso, el nivel de esperpento alcanza niveles históricos y sin precedentes recientes, únicamente hace falta recurrir a los memes que circulan por las redes sociales para contemplarlo, pero el contexto es muy serio y grave, porque en las últimas semanas, ha existido una gran fuga de empresas (entre ellas Gas Natural, Las Aguas de Barcelona, El Sabadell, CaixaBank, Grupo Planeta...). Pese a todo, a día de hoy muchas empresas están yéndose del territorio catalán, ya que el conflicto no ha terminado todavía, al no haber una solución a estas problemáticas.
La inestabilidad y la irresponsabilidad de nuestros políticos ha provocado una grave situación, en la que las soluciones sí o sí resultan drásticas y de una dificultad extrema, en la que el resultado final puede terminar en una verdadera tragedia, al no gustar a todos. Pero el momento necesita ser frenada. No se trata ya de independencia "sí" o "no", aunque sea de lo que más se habla, se trata de legalidad y de atajar los problemas reales que ahora mismo tenemos que arreglar entre todos, y de manera especial nuestra clase política, porque si en caso contrario esto no cumpliera, posiblemente esto podría terminar de desembocar en un caos absoluto, incensario y que nadie quiere.
Erik Encinas [Twitter: @ERIKEO5555]
Estudiante. Activista político y social. Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL












