¿En qué partido están?; por Alejo Vidal-Quadras

Una de las características de nuestro sistema de partidos es la desideologización de las cúpulas. La falta de competencia interna para ocupar los puestos de máxima responsabilidad orgánica y para integrar las candidaturas electorales, fruto de la financiación pública y de la falta de democracia de los procedimientos, conduce a direcciones compuestas por burócratas ajenos al debate de las ideas y sólo atentos a la gestión del poder y a su conservación. Este cuadro perverso ha producido un efecto curioso en el actual panorama político español: la deriva izquierdista de los equipos rectores tanto del PP como del PSOE. Este desplazamiento no es la consecuencia de una revisión meditada de los fundamentos conceptuales y morales de las dos formaciones, sino de su respectiva adaptación oportunista al clima de opinión reinante en nuestro país a causa de la crisis y los dramas sociales asociados. Así, deseosos de seguir la evolución de las encuestas, la jefatura de partido del PP se ha trasladado del centro-derecha al centro-izquierda y la del PSOE del centro-izquierda a la izquierda con ribetes anti-sistema. Ambas coinciden, además, en el sostenimiento a toda costa de un Estado demasiado voluminoso, complejo e ineficiente en detrimento de la sociedad civil. Las brutales y confiscatorias subidas de impuestos del Gobierno y la nueva propuesta fiscal de Rubalcaba "para que paguen los ricos" son buena muestra del fenómeno en cuestión.
Como es lógico, esta situación anómala está provocando reacciones de desasosiego en el seno de las dos formaciones y se multiplican las voces de destacados militantes advirtiendo de la incoherencia de tales maniobras y de los riesgos electorales que entrañan. No es casualidad que los sondeos apunten ya a una pérdida de apoyo en las urnas de más de veinte puntos para el conjunto de los dos grandes partidos. Paradójicamente, en su afán de complacer a los futuros votantes, los líderes del PP y del PSOE arrastran a sus organizaciones al fracaso. El camino queda abierto a una reconfiguración del arco parlamentario que puede dar lugar a un Congreso de los Diputados mucho más fragmentado y difícil de manejar, pero también capaz de reflejar mucho más fielmente la realidad nacional.













