El expolio chipriota; por Alejo Vidal-Quadras

La crisis financiera ha llevado a muchos bancos europeos al borde de la bancarrota, que se ha evitado con masivas inyecciones de dinero público. Con el pretexto, no del todo infundado, de que se trata de un sector sistémico cuyo derrumbe provocaría el de la economía en su conjunto, se obliga al sufrido contribuyente a salvar a unas entidades que se han visto en situación tan extrema por la mala gestión de sus responsables y por las burbujas provocadas por desafortunadas intervenciones de los Gobiernos en el precio del dinero. Sin embargo, una cosa es que caiga el valor de las acciones y que se produzcan fusiones, ventas a la baja de activos y reducciones de plantilla y otra que se entre a saco en los depósitos.
Este es un hecho nuevo, indignante y traumático, que ha tenido la pequeña isla de Chipre como banco de pruebas. Si un ahorrador que no invierte de manera especulativa, sino que mantiene el fruto de su trabajo en cuentas a la vista o a plazo, ve de repente que el Estado le arrebata lo que es suyo a las bravas, algo muy profundo se rompe en su concepción del mundo y en su confianza en el futuro.
No podemos todavía predecir las consecuencias de este atropello porque si bien ha tenido lugar a la reducida escala de un país que representa una fracción minúscula del PIB de la UE, su significado en términos conceptuales y simbólicos es muy grande y puede provocar flujos perturbadores de capitales del sur al norte de Europa. Habrá que esperar a los próximos días y semanas para comprobar los efectos de este acontecimiento anómalo, pero es obvio que hemos cruzado una línea roja.












