Colaboración con el mal

La detención de dieciocho integrantes de la organización Herrira, que se ocupa del bienestar físico y espiritual de los etarras encarcelados, ha suscitado, como era de esperar, vivas y multitudinarias protestas de los sectores sociales que apoyan la violencia y el asesinato como instrumentos de acción política. Con motivo de este episodio, el PNV ha recomendado a Sortu que se desvincule por completo de ETA, que exija su disolución y que actúe dentro del orden legal vigente. El problema, que seguramente los jerarcas del viejo partido aranista no han comprendido llevados de su innata bondad, es que el proyecto racista, totalitario y delirante propugnado por la llamada izquierda abertzale no es posible sin bombas, algaradas callejeras y tiros en la nuca. Nadie con un mínimo de sensatez y de conciencia puede desear vivir en un país en el que no existan libertades civiles ni pluralismo y en el que un colectivismo radical condene la economía a la ineficiencia total y a los ciudadanos a la miseria. Por consiguiente, semejante horror sólo es realizable mediante la coacción extrema y la aniquilación de los que se opongan a su implantación, de tal manera que los centenares de cadáveres que se vayan acumulando disuadan a cualquier eventual oponente de presentar batalla de forma democrática. De hecho, en el caso concreto de ETA, todo intento de resolver la cuestión a través de negociaciones -el célebre "precio político"- es ya una victoria de los criminales porque ellos siguen con las pistolas preparadas mientras el Estado de Derecho va cediendo posiciones.
La única forma de enfrentarse a esta abominación es el combate sin cuartel en el campo de las ideas y de la comunicación, la eficacia policial y judicial, las disposiciones legales que permitan neutralizar sus actividades delictivas, la cooperación internacional y su asfixia financiera cegando sus canales de recaudación e impidiendo su presencia en las instituciones. La mínima desviación de esta agenda de firmeza y contundencia es el camino seguro a la derrota de la democracia y al triunfo de la tiranía.
El ex-presidente Zapatero, que demostró en este asunto la claridad de conceptos propia de un progresista de baratillo y el coraje de una gallina mojada, causó un daño inmenso a su país en el momento en que abrió el camino de la negociación, es decir, de la rendición de la España constitucional ante sus enemigos más feroces. En cuanto a las diversas almas cándidas, variopintos mediadores laicos o eclesiásticos y tibios componedores de multicolor condición, han de ser conscientes de que sus seráficas intenciones no son otra cosa que una modalidad pusilánime de colaboración con el Mal.












