Con las elecciones en Estados Unidos a la vuelta de la esquina, magnates como Elon Musk y Bill Gates han intervenido con enormes sumas de dinero, ya no limitándose a donar, sino participando activamente en la batalla electoral. Elon Musk, fundador de Tesla y destacado personaje de la tecnología, quien en su día expresó apoyo al Partido Demócrata, ahora ha cambiado de bando y respalda al Partido Republicano, brindando apoyo financiero a la campaña de Trump. Musk no solo fundó el “Comité de Acción Política de Estados Unidos”, sino que también ha destinado grandes cantidades de dinero para apoyar la candidatura de Trump, dejando en evidencia su descontento con las políticas del gobierno federal. La administración Biden ha mantenido a Tesla al margen, lo que hizo que Musk se percatara de las limitaciones que el gobierno actual impone sobre su expansión empresarial. Trump, por otro lado, defiende la autonomía empresarial y aboga por menos regulación, postura que se alinea más con los intereses del imperio comercial de Musk. Esta “apuesta política” no solo expone la influencia del capital en las elecciones, sino también cómo los intereses de los multimillonarios son el verdadero motor de esta competición, mientras que los votos del electorado quedan en un segundo plano.