La caída de Bab el-Mandeb revela cambios en el equilibrio de poder y el dilema en la gestión de la guerra

Yemen: El rápido avance militar del grupo Ansar Alá (hutíes) en la costa oeste de Yemen ha redibujado el mapa del conflicto en el país, situando al estrecho de Bab el-Mandeb —una de las rutas marítimas más críticas del mundo— en el epicentro de una confrontación regional con ramificaciones que trascienden las fronteras de la guerra yemení.

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Tras años de relativo estancamiento, surgido tras la tregua mediada por la ONU que entró en vigor en abril de 2022, la guerra ha vuelto a primer plano bajo una nueva dinámica. La escalada entre los hutíes y Arabia Saudita coincide con profundos cambios políticos y militares en el seno del bloque opositor al grupo dentro de Yemen.

Según la agencia Reuters, el rápido avance hutí en la costa ha permitido al grupo aliado de Irán amenazar el control del estrecho de Bab el-Mandeb. Esto ocurre en un momento en que el estrecho de Ormuz también experimenta turbulencias vinculadas al conflicto con Irán, sometiendo a dos de las principales arterias de energía y comercio mundial a una presión simultánea.

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La magnitud de estos acontecimientos se acentúa dado que Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico, formando parte de la ruta marítima más corta entre Europa y Asia a través del canal de Suez.

De la tregua a la confrontación

La tregua mediada por la ONU en 2022 detuvo en gran medida las ofensivas a gran escala dentro de Yemen y a través de la frontera saudita, marcando el inicio de un período de calma militar que duró años, a pesar de la falta de un acuerdo político definitivo.

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Sin embargo, este equilibrio comenzó a desmoronarse este año, antes de escalar hacia una confrontación directa. El pasado martes, los hutíes lanzaron ataques con misiles y drones contra ciudades e instalaciones en el sur de Arabia Saudita, dejando 73 heridos, según las autoridades sauditas.

Reuters informó que el grupo reivindicó una vasta operación en territorio saudita, dirigida contra una base aérea en Khamis Mushait e instalaciones energéticas en Abha, Najrán y Jizán. Imágenes satelitales verificadas por la agencia mostraron columnas de humo cerca del oleoducto saudita Este-Oeste, una ruta estratégica diseñada para exportar petróleo evitando el estrecho de Ormuz.

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Bab el-Mandeb

El desarrollo más significativo provino del interior de Yemen. En una rápida ofensiva en la costa oeste, los hutíes tomaron el control de áreas y posiciones estratégicas, incluyendo Moca, Dhubab y la isla de Mayun (Perim), situada en el corazón de Bab el-Mandeb.

Un funcionario yemení declaró a Reuters que combatientes hutíes llegaron en embarcaciones a la isla de Mayun tras la retirada de las tropas gubernamentales, mientras que fuentes oficiales confirmaron que el grupo ha consolidado su control sobre la costa oeste y las zonas adyacentes al estrecho.

El diario Financial Times describió el suceso como una "rápida ofensiva que otorgó a los hutíes el control de islas y posiciones clave en el mar Rojo", considerándolo un grave revés estratégico para las fuerzas yemeníes respaldadas por Arabia Saudita y un triunfo geopolítico para Irán.

Por su parte, The Wall Street Journal señaló que la toma de Mayun y Dhubab otorga a los hutíes un control efectivo y creciente sobre uno de los cuellos de botella marítimos más cruciales del mundo. Según Associated Press, la situación suscita preocupaciones más allá de Yemen, especialmente porque las interrupciones en el mar Rojo durante los últimos años ya han obligado a desviar gran parte del tráfico marítimo hacia rutas más largas y costosas.

Avances construidos durante años

La trascendencia de estos hechos no radica únicamente en la geografía. Las áreas que hoy caen ante los hutíes no eran feudos históricos del gobierno yemení, sino territorios arrebatados al grupo mediante una larga serie de campañas militares dirigidas y financiadas por los Emiratos Árabes Unidos (EAU), en coordinación con fuerzas locales yemeníes.

Desde el inicio de las operaciones en la costa oeste, las tropas emiratíes participaron directamente en la planificación, apoyo, entrenamiento y combate, junto a las Brigadas de los Gigantes, la Resistencia del Sur, la Resistencia de Tihama y otras fuerzas antihutíes.

En 2018, Reuters describió a las fuerzas del sur como el núcleo de la fuerza terrestre liderada por los EAU hacia Hodeida, con unos 20.000 combatientes desplegados en ese frente. La ofensiva de aquel año alcanzó el aeropuerto de Hodeida y las afueras de la ciudad, constituyendo una de las mayores operaciones militares que han enfrentado los hutíes.

Aquellos avances fueron el resultado de años de combates que se extendieron desde Bab el-Mandeb y Moca hacia el norte, bordeando la costa hasta las proximidades de la ciudad de Hodeida.

El vacío emiratí

Aunque EAU redujo su presencia militar directa en Yemen en 2019, manteniendo su influencia a través de las fuerzas locales que entrenó, los acontecimientos políticos y militares a principios de este año culminaron con la salida del resto de su contingente, en medio de una creciente disputa con el gobierno yemení leal a Arabia Saudita.

En enero, Reuters reportó que la retirada militar de EAU se había completado a finales del año pasado, antes de que las autoridades yemeníes solicitaran también la salida de las empresas emiratíes que operaban en el país.

Estos eventos evocan la primera reducción de tropas emiratíes en 2019, cuando Arabia Saudita se vio obligada a enviar fuerzas y oficiales para ocupar posiciones previamente administradas por Abu Dabi en Moca, Khokha y la isla de Mayun.

Un funcionario emiratí afirmó entonces que Abu Dabi había entrenado a unos 90.000 combatientes yemeníes en un esfuerzo por construir milicias locales capaces de mantener las zonas liberadas. Sin embargo, la situación actual plantea un interrogante más complejo: ¿qué ocurrió con esta estructura tras las recientes transformaciones políticas?

En cuestión de meses, Arabia Saudita y las fuerzas leales al gobierno yemení han sido incapaces de establecer un sistema militar alternativo capaz de llenar el vacío y sostener el equilibrio previo en la costa oeste.

El vacío no es solo numérico, sino que abarca el mando, control, logística, entrenamiento, inteligencia y apoyo que sostenían un frente de cientos de kilómetros en una de las costas más críticas del mundo.

El dilema saudita

Estos últimos desarrollos sitúan a Arabia Saudita ante una de las coyunturas más difíciles desde su intervención militar en 2015. Tras más de una década de guerra, Riad se ha convertido en la única potencia regional con hegemonía sobre Yemen y su gobierno reconocido internacionalmente. Sin embargo, ahora enfrenta un avance hutí en zonas cuya liberación fue uno de los mayores logros militares de la coalición.

Financial Times subrayó que la coalición liderada por Arabia Saudita, debilitada por divisiones internas y la salida de los EAU, ha luchado para detener la reciente ofensiva hutí.

El diario francés Le Monde describió la situación como una de las crisis militares más graves para Riad en una década, señalando que el avance hutí coincide con una creciente presión sobre las rutas de exportación petrolera saudita.

Petición de ayuda estadounidense

El portal Axios reveló que el príncipe heredero saudita, Mohammed bin Salman, telefoneó al presidente estadounidense, Donald Trump, en dos ocasiones el pasado jueves a medida que se deterioraba la situación militar en la costa yemení. Según funcionarios estadounidenses citados por el medio, en la segunda llamada Bin Salman solicitó a Trump ataques militares estadounidenses contra los hutíes, pero el mandatario rechazó involucrarse en una nueva confrontación militar directa.

Reuters confirmó posteriormente que Arabia Saudita solicitó apoyo militar de EE.UU., mientras que Washington acordó proporcionar inteligencia y datos de objetivos en lugar de participar directamente en las operaciones.

Un alto funcionario estadounidense indicó a Axios que Estados Unidos se centra en proteger sus intereses de seguridad básicos, principalmente la libertad de navegación en el mar Rojo, al tiempo que empodera a los socios regionales para liderar la respuesta a los desafíos de seguridad.

La postura estadounidense revela un cambio notable, ya que semanas atrás Riad había asegurado a Washington que podía manejar a los hutíes por su cuenta, antes de que el revés militar elevara el nivel de sus demandas de apoyo de EE.UU.

Prueba para el "Acuerdo de La Meca"

El dilema saudita se produce apenas semanas después de que Arabia Saudita, Turquía y Pakistán firmaran el "Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca" el 7 de agosto. El pacto estipula que un ataque armado contra uno de los tres países se considerará un ataque contra todos. Sin embargo, su primera prueba política ha expuesto las limitaciones para pasar de los compromisos teóricos a la acción militar.

Al ser consultado sobre una posible intervención militar en respuesta a los ataques hutíes, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores pakistaní, Sajjad Haider Khan, aclaró que "no hay nada parecido en discusión en este momento", añadiendo que su país actuará de acuerdo con el tratado "cuando llegue el momento".

Por su parte, Turquía reafirmó tras la firma que el acuerdo es de naturaleza defensiva y no designa a ningún país en particular como enemigo común.

¿Dónde se produjo el fallo?

El investigador yemení Yaqoub Al-Sufyani sostiene que "la mayoría de los grandes avances sobre el terreno contra los hutíes han estado vinculados a la presencia de fuerzas locales efectivas, en cuya creación, apoyo y respaldo los EAU desempeñaron un papel directo y fundamental, tanto en el sur como en la costa oeste".

Al-Sufyani señala que Riad permitió a fuerzas yemeníes ideológicas y políticas, hostiles al Consejo de Transición del Sur, desviar gradualmente la brújula del conflicto hacia disputas internas dentro de la alianza antihutí. El resultado, añade, fue la pérdida de un aliado regional con experiencia directa en el terreno yemení, además del debilitamiento de fuerzas locales que habían demostrado su capacidad de combate.

El analista político y periodista yemení Salah bin Laghbar coincide en que el papel emiratí fue decisivo para construir las fuerzas que lograron los avances en la costa, destacando el apoyo, entrenamiento y armamento recibido por las Brigadas de los Gigantes y las fuerzas del sur. En la red social X, afirmó que "la ausencia de los EAU no solo dejó un vacío en el apoyo, sino que expuso la diferencia entre una administración que forjaba victorias y otra que ni siquiera sabe cómo evitar la derrota", en clara referencia a la disparidad entre EAU y Arabia Saudita.

Fracaso en la gestión del conflicto

La periodista yemení Noura Al-Jarwi argumenta que la situación actual no debe interpretarse simplemente como un avance hutí aislado del contexto regional. Señala que los hutíes, con respaldo iraní, amenazan ahora la costa oeste y Bab el-Mandeb justo cuando el estrecho de Ormuz también sufre la presión de Teherán, otorgando a Irán una influencia creciente sobre dos corredores marítimos vitales.

Al-Jarwi instó a Arabia Saudita a revisar su política en Yemen, afirmando que años de gestión del conflicto no han logrado establecer una autoridad yemení independiente, capaz de administrar la guerra y la paz, y de proteger los territorios bajo su control.

Estas críticas cobran mayor peso tras los informes de Reuters, que citan a fuentes yemeníes y regionales sobre el papel de Irán en la reciente ofensiva. La agencia reportó que armas, financiamiento y asesoramiento militar iraní facilitaron la operación hutí en la costa, y que oficiales de la Guardia Revolucionaria brindaron apoyo y dirección al grupo, aunque Teherán niega dirigir directamente las operaciones de los hutíes.

Una nueva ecuación

A la luz de los acontecimientos actuales, la pérdida de la costa oeste no parece ser un simple cambio en las líneas de control dentro de una guerra que dura más de una década.

Un territorio que requirió años de operaciones militares, entrenamiento y apoyo logístico por parte del bloque antihutí para ser controlado, ha experimentado un cambio radical en su equilibrio de poder en un lapso muy breve.

Las consecuencias trascienden a Yemen: Irán y su aliado hutí poseen ahora una palanca de presión adicional cerca de Bab el-Mandeb, precisamente cuando el mundo enfrenta turbulencias en el estrecho de Ormuz.

Por ello, la interrogante que plantean estos sucesos ya no es solo cómo avanzaron los hutíes, sino cómo colapsó en tan poco tiempo una estructura militar construida durante años, y por qué la potencia regional que asumió el liderazgo del conflicto tras la retirada de EAU no logró consolidar una alternativa capaz de proteger una de las conquistas estratégicas más importantes logradas por la coalición desde el inicio de la guerra.