El Gobierno desclasifica los papeles secretos del Golpe de Estado del 23F
El Gobierno ha desclasificado los documentos secretos del 23F que permanecían bajo la categoría de secreto de Estado hasta 2026, una decisión que arroja nueva luz sobre uno de los episodios más determinantes de la historia reciente de España y que abre un intenso debate político, histórico e institucional sobre el papel de los principales actores de aquella jornada.
La documentación, procedente en gran parte de archivos del CESID, del Estado Mayor y de distintos ministerios, permite reconstruir con mayor precisión los movimientos militares, las comunicaciones internas y el nivel de conocimiento que tenían las autoridades civiles y la Casa Real durante las horas críticas del 23 de febrero de 1981. Los papeles revelan que el intento de golpe no fue un hecho aislado ni improvisado, sino el resultado de un clima de inestabilidad política, presión en sectores del Ejército y contactos previos que ya habían sido detectados por los servicios de inteligencia.
Uno de los aspectos más relevantes que se desprenden de los informes es que los servicios secretos disponían de información previa sobre movimientos conspirativos en el ámbito militar, aunque no lograron concretar la dimensión exacta de la operación ni la fecha definitiva. Los documentos reflejan seguimientos a mandos considerados “inquietos”, informes sobre reuniones y advertencias acerca del malestar existente en determinados cuarteles ante la evolución política de la Transición.
La desclasificación también aporta detalles sobre el papel desempeñado por el entonces rey Juan Carlos I, confirmando que mantuvo contactos permanentes con la cúpula militar durante la noche del golpe y que su intervención televisada fue considerada por los mandos leales como el elemento decisivo para frenar la sublevación. Las comunicaciones internas muestran las dudas que existieron en algunos momentos sobre la postura de determinadas regiones militares y el temor a que la situación derivara en un enfrentamiento entre unidades del Ejército.
Otro de los elementos que aparece en los documentos es la existencia de distintas estrategias dentro del propio aparato del Estado para gestionar la crisis, con debates sobre la posibilidad de negociar una salida política que evitara un escenario de violencia. En ese contexto se mencionan contactos, propuestas y escenarios alternativos que evidencian la enorme incertidumbre que se vivió durante aquellas horas.
Los informes desclasificados detallan además el papel del teniente coronel Antonio Tejero, del general Jaime Milans del Bosch y del general Alfonso Armada, así como las diferencias estratégicas entre los implicados. La documentación apunta a que no todos los sectores que participaron en la operación compartían el mismo objetivo final, lo que contribuyó al fracaso del golpe.
La publicación de estos papeles confirma igualmente el grado de fragilidad institucional que atravesaba España en los primeros años de la democracia, con un sistema político todavía en construcción, una fuerte presión terrorista y una crisis económica que alimentaba la inestabilidad.
La decisión de hacer públicos estos documentos ha provocado una inmediata reacción política, con peticiones para que se abran nuevas líneas de investigación histórica y se revisen algunas interpretaciones que durante décadas han formado parte del relato oficial de la Transición. Al mismo tiempo, la desclasificación reabre el debate sobre los límites del secreto de Estado y el derecho de los ciudadanos a conocer episodios clave de su historia.
Más de cuatro décadas después, los papeles del 23F permiten entender con mayor profundidad cómo se gestó, se desarrolló y se desactivó el intento de golpe de Estado, y sitúan de nuevo en el centro del debate la memoria política de la Transición y el papel de las instituciones en uno de los momentos más críticos de la democracia española.
Los papeles del 23F salen a la luz: 'El Rey Juan Carlos organizó el Golpe de Estado'













