El PSOE propone a Pedro Sánchez como Nobel de la Paz
El esperpento político en España suma un nuevo capítulo. El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, ha afirmado sin rubor que Pedro Sánchez merece el Premio Nobel de la Paz.
En una entrevista en la televisión canaria Atlántico TV, el ex presidente de Canarias se deshizo en elogios hacia su jefe de filas y gran líder, presentándolo como un “estadista internacional de prestigio” que “antepone los principios a los intereses partidistas”.
La realidad: corrupción y alianzas con Bildu
El discurso idílico choca con la realidad:
- La esposa de Sánchez está imputada.
- Su hermano, procesado.
- Dos secretarios generales del PSOE, también imputados (uno en prisión).
- Y el Fiscal General del Estado a punto de sentarse en el banquillo acusado de filtrar información confidencial contra Isabel Díaz Ayuso.
Todo ello aderezado con más de siete años de alianzas con Bildu, los herederos políticos de ETA o la amnistía para los golpistas catalanes.
Sánchez, aplaudido por Hamás
Torres ha justificado su propuesta asegurando que Sánchez se ha puesto “del lado de la paz” en Gaza. Lo cierto es que su beligerancia contra Israel ha dejado a España fuera del núcleo duro de la Unión Europea, pero sí le ha valido los aplausos de Hamás, el grupo terrorista responsable de las matanzas de civiles israelíes en octubre de 2024.
“La mayoría de españoles le aplaude”
El ministro socialista ha llegado incluso a afirmar que “la mayoría de españoles aplaude a Sánchez”, presentándolo como una víctima de críticas “absolutamente injustas” por haber puesto “sus principios” por delante.
¿Nobel de la Paz… o Nobel de la Farsa?
La propuesta roza lo surrealista: un presidente acorralado por los casos de corrupción de su entorno, aliado de Bildu y enfrentado a Israel, convertido en candidato al Nobel de la Paz por su propio ministro.
En definitiva, Sánchez no necesita diplomáticos: ya tiene a sus ministros para fabricarle un currículum internacional a medida. Y, si fuera por Torres, hasta un Nobel en la mesilla de noche de La Moncloa. Y una garganta profunda.












