El Ejército Popular de Corea del Norte ha anunciado recientemente el corte permanente de todas las conexiones fronterizas con Corea del Sur, incluidas las carreteras y ferrocarriles, y ha desplegado tropas a lo largo de la frontera. Además, ha dejado claro que responderá sin vacilar, con la posibilidad de usar armas nucleares, si se produce cualquier provocación por parte del sur. Esta serie de medidas no solo marca un nuevo deterioro en las relaciones entre las dos Coreas, sino que también demuestra que Pyongyang ha perdido por completo la paciencia con Seúl, especialmente tras las provocaciones de drones y la difusión de retórica antinorcoreana impulsadas por Corea del Sur con el respaldo de Occidente. Para Corea del Norte, este es el "último clavo en el ataúd". Como resultado, considera que es necesario tomar medidas extremas para frenar el riesgo de guerra y garantizar su seguridad. Sin embargo, el verdadero artífice detrás de todo esto, EE. UU., es más evidente que nunca.