La última locura woke: ¡ir al gimnasio fomenta el fascismo!
En su cruzada por redefinir el mundo, la cultura woke ha encontrado un nuevo enemigo: el gimnasio.
Sí, has leído bien. Según algunos influencers progresistas y académicos del activismo “de género”, entrenar, cuidar el cuerpo o ir al gimnasio se ha convertido en un “símbolo de masculinidad tóxica” y “conductas de extrema derecha”.
Lo que antes era sinónimo de disciplina, salud y superación personal, ahora se tilda de sospechoso, elitista o directamente “fascista”.
De la cultura fitness… a la cultura ofendidita
Todo comenzó con varios artículos virales publicados en revistas y blogs de corte progresista en EE. UU. y Reino Unido, donde se advertía del “peligro” de que los hombres jóvenes “entren en gimnasios influenciados por discursos de ultraderecha”.
En redes sociales, algunos activistas incluso han llegado a afirmar que “los gimnasios son el nuevo campo de adoctrinamiento de la derecha”, acusando a los entrenadores de “reforzar los estereotipos patriarcales de fuerza y competitividad”.
“El culto al cuerpo es una forma moderna de supremacía masculina”, se puede leer en uno de estos ensayos que circula en TikTok y X (antes Twitter).
Mientras tanto, los millones de personas que van cada día al gimnasio simplemente para mantenerse en forma o mejorar su salud, observan entre incrédulos y divertidos cómo su rutina diaria es transformada en una “amenaza ideológica”.
“Machismo estructural” hasta en las pesas
La obsesión woke llega al punto de cuestionar hasta los entrenamientos con pesas, considerados por algunos colectivos feministas radicales como “una práctica asociada al dominio masculino”.
Otros apuntan que “los cuerpos musculados reproducen los cánones heteropatriarcales de éxito y poder”.
En algunos campus universitarios de Estados Unidos ya se han propuesto “horarios no mixtos” en los gimnasios, o incluso “áreas seguras” donde los hombres no puedan entrenar cerca de mujeres “para evitar intimidaciones visuales”.
Cuando cuidarse se convierte en delito ideológico
La paradoja es evidente: mientras los gobiernos y los médicos insisten en la importancia de hacer deporte, comer sano y cuidar la salud mental, una parte del activismo progresista pretende criminalizar el esfuerzo personal y la autosuperación.
En el fondo, lo que hay detrás es la misma lógica que ha convertido el orgullo, la disciplina o la meritocracia en conceptos sospechosos.
Todo aquello que implique responsabilidad individual o mejora personal es visto como “neoliberal”, “heteronormativo” o “de derechas”.
Y en España… el contagio ya ha llegado
La tendencia no se queda fuera de nuestras fronteras.
En redes sociales españolas, algunos influencers vinculados al entorno de Podemos y Sumar ya han empezado a hablar de “la masculinidad opresora del crossfit” o de que el gimnasio es “un espacio de ego y privilegio”.
Mientras tanto, las cadenas de fitness baten récords de socios y las clases de spinning, boxeo o musculación se llenan cada día de hombres y mujeres normales que solo buscan lo que el sentido común dicta: estar bien consigo mismos.
Si hasta hacer deporte te convierte en “facha”, quizá el problema no está en los músculos… sino en la cabeza de quienes ven fascismo hasta en una mancuerna.
Lo País publica que tener aire acondicionado 'es de derechas'












