Erola Jons, el experimento influencer de La Vuelta: la vergonzosa sexualización de los corredores

Lo que pretendía ser una apuesta de La Vuelta a España por modernizar su comunicación y acercar el ciclismo a millones de jóvenes ha terminado convirtiéndose en una de las primeras grandes polémicas de la edición de 2026.

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La organización decidió incorporar a Erola Jons, creadora de contenido catalana de 28 años y con más de seis millones de seguidores entre Instagram y TikTok, para ofrecer una visión diferente de la carrera a través de sus canales digitales.

El experimento apenas necesitó unas horas para incendiar las redes.

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Desconocimiento de lo que estaba sucediendo en carrera, bromas sobre «pescar» ciclistas, comentarios sobre sus cuerpos y sus mallas, intentos de observar cómo se cambiaban y un surrealista encuentro con Tadej Pogačar, al que rebautizó como «Pogachitar», han provocado la indignación de periodistas especializados, aficionados e incluso integrantes del propio pelotón.

La polémica ha terminado obligando a La Vuelta a reaccionar: Jons continuará trabajando durante la competición, pero tendrá restringido el acceso directo a los corredores y deberá contar previamente con la autorización de los equipos para entrevistarlos.

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Se enteró por un aficionado de que Pogačar había ganado

Uno de los momentos que mejor resume el problema llegó durante el arranque de la carrera en Mónaco.

Jons preguntó a un aficionado por su pronóstico para la jornada siguiente. El hombre respondió mencionando a Pogačar y recordando que acababa de ganar.

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La reacción de la creadora de contenido fue reveladora: «Ahhh, no me he enterado».

El esloveno acababa precisamente de imponerse en la contrarreloj inaugural de nueve kilómetros y vestirse con el primer maillot rojo de La Vuelta.

Era, literalmente, la noticia deportiva más importante de la jornada que estaba cubriendo.

Pero el desconocimiento del ciclismo terminó siendo únicamente una parte de la polémica.

«Vamos a ver si podemos pescar a algún ciclista»

Con micrófono oficial y acceso a algunas de las zonas más restringidas de la carrera, Jons trasladó a La Vuelta el tipo de contenido que la ha convertido en una estrella de las redes sociales: flirtear con hombres, provocar situaciones incómodas y grabar sus reacciones.

En un momento de la emisión anunció ante la cámara: «Vamos a ver si podemos pescar a algún ciclista».

También se dirigió a un agente de Mónaco con un «arréstame».

Y cuando llegó hasta el lugar donde los corredores se preparaban y cambiaban antes del protocolo del podio, volvió a bromear con la posibilidad de conseguir imágenes comprometidas.

La creadora llegó a sugerir que si aparecía algún ciclista cambiándose aumentaría la audiencia.

A partir de ahí, el contenido dejó de tener prácticamente ninguna relación con los resultados deportivos.

«Qué calor de ver tanta malla ajustada» o «tanta belleza me desconcentra» fueron algunas de las expresiones utilizadas durante su particular cobertura.

Pogačar se convierte en «Pogachitar»

El espectáculo alcanzó su punto culminante cuando apareció Tadej Pogačar.

No cualquier corredor.

El cuatro veces campeón del Tour y gran estrella de La Vuelta 2026 acababa de ganar la primera etapa.

Jons comenzó a referirse al esloveno como «Pogachitar» y realizó diferentes comentarios sobre su físico y su atractivo mientras intentaba conseguir que hablara con ella.

Antes incluso de abordarlo llegó a bromear sobre si el ciclista era «así de rápido en privado».

Cuando finalmente tuvo delante a Pogačar, le lanzó la pregunta que terminaría viralizándose: «Pogachitar, ¿por qué hiperventilas cuando me ves?»

El esloveno, visiblemente desconcertado, respondió simplemente: «What?»

Después explicó que respiraba durante todo el día.

Las imágenes hicieron el resto.

En pocas horas, el contenido creado para conseguir viralidad había conseguido exactamente eso, aunque probablemente de una forma muy diferente a la imaginada por La Vuelta.

Un ciclista que acababa de perder a su hermano

La polémica aumentó todavía más por otra interacción con Josh Tarling.

El ciclista británico había sufrido días antes la muerte de su hermano durante la Volta a Portugal.

Después de comprobar aparentemente que Tarling no parecía especialmente interesado en sus entrevistas, Jons comentó que todavía le quedaban veinte etapas para «conquistarle» y aseguró que acabaría consiguiéndolo.

El episodio provocó todavía más incomodidad dentro del mundo del ciclismo.

El problema ya no era únicamente que una creadora de contenido desconociera quién había ganado una etapa.

La discusión comenzaba a girar alrededor de los límites que deben existir cuando el entretenimiento entra en los espacios privados de deportistas profesionales.

Rebelión entre los periodistas de ciclismo

Una de las respuestas más contundentes llegó de Laura Meseguer, periodista de Eurosport y una de las profesionales con mayor experiencia cubriendo ciclismo internacional.

Meseguer recordó los años de lucha de las mujeres para conseguir respeto y espacio profesional dentro de un deporte históricamente masculino.

Y denunció que ahora fueran precisamente comentarios de naturaleza sexista contra los corredores los utilizados como herramienta de entretenimiento.

Su reflexión fue clara: nadie debería ser tratado como un objeto, independientemente de que sea hombre o mujer.

La contradicción resulta especialmente llamativa.

Durante décadas, el ciclismo ha sido acusado de cosificar a las mujeres. La propia Vuelta eliminó antiguas tradiciones como las azafatas del podio para adaptar su imagen a los nuevos tiempos.

Ahora el debate se ha invertido.

El protagonista sexualizado es un hombre.

Pero el principio es exactamente el mismo.

Carlos de Andrés estalla en TVE

También Carlos de Andrés, histórico narrador de ciclismo de RTVE, decidió intervenir públicamente durante la retransmisión.

El periodista calificó de «ridículo» lo que estaba viendo y lamentó especialmente que la influencer dispusiera de acceso a determinadas zonas a las que ni siquiera pueden entrar periodistas que llevan años trabajando en la carrera.

De Andrés respaldó las críticas de Meseguer y cuestionó abiertamente la decisión de La Vuelta de colocar a una creadora de contenido sin conocimientos de ciclismo en una posición privilegiada dentro de la competición.

Y resumió su incredulidad con una frase:

«No se puede ir a Pogacar y decirle: ¡Pogachitar! ¿Pero qué broma es esta?»

La Vuelta se defiende: «No verlo como periodismo»

La organización intenta ahora apagar el incendio.

Desde Unipublic, empresa organizadora de La Vuelta, defienden que nunca pretendieron sustituir a los periodistas ni presentar a Erola Jons como una especialista en ciclismo.

El objetivo, explican, era buscar humor y entretenimiento para llegar a un público diferente.

La organización sostiene que su trabajo debe entenderse dentro del contexto de una creadora de contenido y «no verlo como periodismo».

Pero la argumentación abre otra pregunta.

Si no es periodismo, ¿por qué tenía acceso a lugares a los que no podían acceder muchos periodistas acreditados?

Esa es precisamente una de las críticas que más se repite entre los profesionales desplazados a La Vuelta.

La organización limita ahora sus movimientos

Las quejas han provocado finalmente consecuencias.

El equipo UAE Team Emirates, donde compite Pogačar, trasladó su malestar a la organización y solicitó que cualquier aproximación a sus corredores requiriese previamente autorización de su departamento de comunicación.

La Vuelta ha decidido mantener a Jons hasta el final de la competición, pero bajo nuevas reglas.

No podrá relacionarse libremente con los ciclistas como durante las primeras jornadas y deberá obtener previamente el permiso de los equipos.

Distintas informaciones apuntan además a restricciones en zonas como la mixta, los autobuses de los equipos y otros espacios destinados al contacto directo con los corredores. También se le ha pedido rebajar el tono y evitar alusiones sexuales.

El experimento continúa.

Pero mucho más controlado.

Seis millones de seguidores frente a veinte años de experiencia

La polémica de Erola Jons va mucho más allá de una influencer y una carrera ciclista.

Representa el choque entre dos modelos de comunicación.

Por un lado, profesionales que llevan décadas especializándose en un deporte, viajando durante semanas, estudiando equipos, corredores, tácticas y resultados.

Por otro, creadores capaces de reunir audiencias millonarias sin necesidad de conocer previamente aquello que están cubriendo.

Erola Jons acumula aproximadamente 3,2 millones de seguidores en Instagram y 2,9 millones en TikTok. Su popularidad nació precisamente gracias a vídeos de cámaras ocultas, humor y situaciones de ligue.

La Vuelta buscaba esos seis millones de seguidores.

Los ha encontrado.

Pero el precio ha sido abrir un debate incómodo sobre si todo vale para conseguir visitas, reproducciones y viralidad.

Porque el problema nunca fue que una influencer entrara en La Vuelta.

El problema aparece cuando la obsesión por modernizar un producto termina convirtiendo una de las grandes competiciones deportivas del mundo en un escenario para el ligoteo, mientras quienes llevan toda una vida contando ciclismo contemplan desde detrás de la barrera cómo alguien que ni siquiera sabía quién había ganado la etapa disfruta de accesos que ellos no tienen.

La Vuelta quería conquistar a las nuevas generaciones.

De momento, quien ha terminado necesitando que le pongan límites es su propia influencer.

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