¡España, a la final del Mundial de baloncesto!

No por recurrente deja de ser asombroso. Más aún esta tarde de leyenda en Pekín, donde la selección regresó donde no imaginaba, a la final de un Mundial. Lo hizo tras pasearse por la épica como no se recuerda, sobreviviendo desesperadamente al ímpetu de una Australia que sólo pudo sucumbir después de dos prórrogas, de una agonía insoportable. Llegó con el corazón donde las piernas no alcanzaban y el domingo luchará por el segundo oro de su historia, porque Saitama no sea algo ya único.


















