
Ya es bien verdad aquello de que la política hace extraños compañeros de cama. La cuarta prórroga del Estado de alarma ha estado en el aire y pendiente de un hilo hasta el final, a menos de 24 horas para la votación. El rechazo del presidente del PP, Pablo Casado, a seguir apoyando un instrumento tan excepcional en nuestro ordenamiento jurídico durante ocho semanas consecutivas, sin precedentes en nuestra historia democrática, no ha hecho reflexionar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ha vuelto a optar por prolongar, a golpe de decreto, una herramienta que incluso muchos juristas se empiezan a cuestionar si se está aplicando dentro de los márgenes que marca la Constitución. Estamos sufriendo un Estado de excepción encubierto. Los españoles seguiremos todos confinados y sometidos al control total del todopoderoso Estado.