La primera pieza de dominó fueron unos estudios durante el doctorado de Gustavo Luis Verón cuando estaba analizando la calidad del semen en función de diferentes factores en Argentina. La obesidad, la edad y los factores climáticos fueron algunas de las variables en las que indagó. A finales de 2021, los resultados arrojaron que las muestras de semen generadas en invierno eran notablemente de mejor calidad que las de verano. Estos datos —lejos de pasar desapercibidos— le hicieron obcecarse con otra pregunta: ¿Pueden entonces las crecientes olas de calor poner en jaque la fertilidad masculina? Los últimos hallazgos de Verón y sus colegas parecen indicar que sí. De acuerdo al informe publicado este año, las muestras de semen obtenidas durante estos eventos presentaron un 10% menos de espermatozoides mótiles —los únicos capaces de fecundar—, que las muestras que nunca estuvieron expuestas. Estas altas temperaturas también afectaron la morfología de estos.