Un estudio demuestra que ser infiel es adictivo
Fidel, del latín, significa fiel o leal. La infidelidad, ser desleal a la pareja, es según la psicología quebrantar las normas básicas en las que se basa una relación, buscar nuevas experiencias o sensaciones en otros. Aunque el engaño es tan viejo como la humanidad, la fidelidad parece más difícil que nunca de conseguir ahora, en la época de las relaciones líquidas, en la era del poliamor y de las relaciones abiertas, en el tiempo de las apps de citas de usar y tirar.
Una inconstancia en las relaciones de pareja que viene avalada por las cifras: el 32,7% declara haber sido infiel en alguna ocasión. Un número que sube hasta el 36,2% si hablamos de las personas entre los 36 y los 45 años, y al 34,4% cuando se trata de los que tienen entre 46 y 55 años. Y que, al contrario de lo que pueda parecer, baja por debajo del 20% entre los menores de 25 años. No les ha dado tiempo a cansarse de su pareja, pensarán algunos... O, simplemente, es que ser fiel no es algo anticuado, según cerca del 80%. Unas cifras sensiblemente más bajas que las resultantes cuando se pregunta si te han sido infiel en alguna ocasión, a lo que responde sí el 38,6% de los encuestados. Un dato revelador: hasta el 42% de las mujeres han sufrido una infidelidad y, sin embargo, les ha sucedido al 35% de los hombres.
Reincidentes y causas
Esto de buscar fuera lo que no se encuentra dentro de casa se presta a la reincidencia, parece ser que no hay más que cogerle el gusto: mientras el 35,5% de los que han sido infieles sólo lo han hecho una vez en su vida, el 27,1% declara haberlo sido entre 1 y 3 veces, y el 17,2% ¡más de 5!
Lo que sucede en el caso del infiel es que difícilmente está satisfecho, pues el 37,6% de ellos lo han sido a más de una pareja. ¿Por qué? Casi el 22% achaca a la rutina su falta de lealtad. El 18,6% se refiere a la búsqueda de nuevas experiencias; el 17,3% al sexo; el 13,7% al exceso de alcohol u otras sustancias, y el 21,2% a otras causas.
¿Son más felices los infieles?
Consumada la infidelidad, hay que tener en cuenta las consecuencias que puede acarrear, tanto a uno mismo como a su pareja. Pasado el momento de la aventura, los nervios y la pasión, en la mayoría de los casos (65%) permanece un poso que no hace más feliz al infiel. Un runrún, no obstante, que muchos se guardan para sí: hasta el 70% admite que no le ha contado al otro su desliz.
Pero ¡ay!, existen otros cauces por los que la pareja puede enterarse de las correrías del otro. Hasta en un 17,5% de los casos ha sucedido así, casi el tercio a través de amigos comunes y otro 25,6% revisando el móvil, un chivato impenitente.
Y después...
Descubierta la falta, no todas las personas reaccionan de la misma manera. Casi la mitad de los que han sufrido una infidelidad han dicho por ahí no paso, esto se acabó y cada uno por su lado, mientras que el 14,5% asegura haber perdonado sin más consecuencias y un 11,8%, que todo siguió igual. Y luego están aquéllos que perdonan (un 14,1%), pero que imponen nuevas condiciones. Y los vengativos, ésos que, tras enterarse del engaño, pagan con la misma moneda (6,4%); los que se autoflagelan, es decir, cambian para cubrir las necesidades que llevaron al otro a ser infiel (4,8%); los que deciden solucionar sus problemas en terapia (3,2%), y finalmente aquéllos, más prácticos, que deciden abrir su relación a una tercera persona (2,8%).
Fuente original: El Mundo












