Están apareciendo últimamente partidos nuevos, que seguramente son necesarios, para rejuvenecer la anquilosada clase política que padecemos, y nuevos cargos públicos, algunos de ellos verdaderamente esperpénticos, además de ignorantes, en términos generales, y salvo honrosas excepciones.
Es cierto que el señor Rajoy fue un buen mandatario de Bruselas, pero sólo hizo lo que le convenía a la “clase” política, no lo que sería más beneficioso para el pueblo español.
Hace ya un tiempo que vengo alertando sobre el peligro que supone el fin de la política y el inicio de caminos antidemocráticos y violentos que solo buscan el enfrentamiento y el odio entre españoles. Y no únicamente no se ha frenado la violencia, sino que los hechos demuestran además que los violentos separatistas, proetarras y una parte de la extrema izquierda bolivariana y bolchevique siguen fortaleciendo un escenario pre-bélico con sus actos totalitarios, que sitúan a la arena política y la sociedad española en el momento más crítico de los 40 años de democracia en España.
Quasimodo, el jorobado de la catedral de Notre-Dame, es uno de los personajes más universales de la literatura de todos los tiempos. Es un ser deforme que vive en la catedral, donde fue abandonado. A pesar de su apariencia es un ser lleno de bondad y buenas cualidades, rechazado por el entorno y que se halla a salvo en el refugio que le proporciona la catedral.
La democracia se basa en principios básicos cuyo incumplimiento la ponen en peligro, la degradan y pueden llegar a invalidarla. Las elecciones libres, la separación de poderes, el imperio de la ley y la igualdad de todos ante la misma, la libertad de expresión, de prensa, de asociación y de culto y el derecho a un juicio imparcial son, entre otros, los pilares básicos de la convivencia democrática. La Unión Europea los tiene como elementos definidores de su marco jurídico y ningún Estado que los vulnere es admitido a formar parte de ella, y si alguno que ya figura como Miembro los conculca, es sancionado y, en casos extremos, las sanciones aplicadas equivalen en la práctica a la expulsión.
La celebración ante el Tribunal Supremo del juicio del proceso separatista catalán, donde se enjuicia la posible responsabilidad penal de los Consejeros de la Generalidad no huidos, y altos cargos del gobierno catalán, Presidenta del Parlamento autonómico, etc., me está resultado francamente sorprendente…