Los españoles deberían ser un poco chovinistas y defender la marca España en todos los productos empezando por consumir vinos que en la etiqueta frontal de las botellas indique sin complejos 'Producto de España' y en español.
Si fuera feminista diría eso de hasta los ovarios; y en caso de ser una de esas pijas con aires de superioridad, hasta los tacones. Pues no: estoy hasta el coño. Que si los Globos de Oro todas vestidas de negro (¡y las que no, la que les cayó...!), que si esloganes baratos y estúpidos, yanquis hasta rabiar, como 'me too' y similares (pronunciados en castellano casposo 'mi chu', a ver quién tiene cojones de pronunciarlo dignamente).
No hay que esforzarse mucho a la hora de buscar el responsable del hambre y la desnutrición que viven los venezolanos actualmente. Es el gobierno de Nicolás Maduro y su consolidada estrategia de destruir todo lo existente e insistir con algo comprobadamente imposible: imponernos una economía estatizada, copia de la cubana y de la fracasada y desaparecida URSS de 1990
Niego la mayor, nadie le ha plantado cara dentro del sistema al golpismo separatista, ni siquiera el rey, lo que ocurre es que, nunca mejor dicho, en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Y el hecho de que alguien, sea un monarca o un político, se llene la boca de palabras más o menos altisonantes sobre las demás, palabras que se quedan en eso, porque de acciones nada, ya que los separatistas siguen gobernando de facto en Cataluña y otras regiones de España, pues eso, el oír una frase que otros no pronuncian, para algunos es suficiente para pensar que se está haciendo algo por España. Y no es así.
No hay sistema electoral perfecto y la variedad de procedimientos para conformar la composición de las asambleas parlamentarias que existen en el mundo es muy amplia y obedece a criterios políticos y a tradiciones muy distintas. En España, la Constitución fija la provincia como circunscripción electoral y establece la proporcionalidad a la hora de determinar el número de diputados que corresponde a cada número de sufragios otorgados a los diferentes partidos. La Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG), que data de 1985, especifica de manera detallada cómo asignar escaños a las fuerzas que concurren mediante la llamada leyd´Hondt, atribuyendo un mínimo de dos diputados a cada circunscripción provincial. Se favorece así a los grandes partidos frente a los pequeños y a las zonas del país más rurales y con menos población en comparación con las más urbanas y densamente pobladas. Otro efecto de este sistema es la sobrerrepresentación de los partidos nacionalistas, cuyos votantes están fuertemente concentrados en unas pocas provincias de elevado censo. Todos estos factores hacen que a opciones como Ciudadanos y Podemos un escaño les cueste mucho más caro en papeletas a nivel nacional que al PP o al PSOE o que partidos con un apoyo muy uniformemente distribuido a lo largo y ancho del territorio, como fueron UPyD o IU, obteniendo resultados mejores en términos globales que los nacionalistas, acaben teniendo menos escaños que éstos en el Congreso, lo que puede ser visto como injusto.
En Cataluña cada día que pasa, de una forma u otra se intenta superar el esperpento del proceso separatista, y mira que es difícil. Algunos ya éramos conscientes de que este 30 de enero no habría ninguna investidura del prófugo y golpista Puigdemont, sino como mínimo un circo de mal gusto y pagado por todos los catalanes. Pero no únicamente fue eso lo que ocurrió, porque además vimos un nuevo episodio de violencia, y con otro panorama bien distinto en muchos aspectos, que deja entrever a los que dudan, que definitivamente la revuelta de las sonrisas ha quedado en el pasado, dado que ayer asistimos a una brutal violencia (verbal y física) por parte de los separatistas. Unos hechos con una alta tensión que verdaderamente son vergonzosos, denigrantes y antidemocráticos, al no ser típicos de una democracia avanzada y del siglo XXI.