La competencia y el mercado son la verdadera democracia

Hayek escribió en su célebre obra 'Camino de servidumbre' que "aquellos que creen que, si el Gobierno no interviene en la economía, esta sería un caos, es porque desconocen la competencia". Aunque el libro salió a la luz en 1944, esta frase sigue guardando una gran verdad.
Desde la época contemporánea existen dos maneras de gestionar la economía: planificándola y regulándola o liberalizándola. Aunque en la mayoría de los países occidentales el modelo actual es una combinación de ambas, con mayor peso de la regulación que de la libertad.
El pensamiento socialista y comunista abandera el lado de la planificación. Para la izquierda, la economía debe regularse, debe generar igualdad y bienestar. Esto visto sobre el papel queda muy bonito, sin embargo, las consecuencias de la planificación siempre llevan a una reducción de la libertad y no solo eso, también conducen a una peor calidad de vida de los ciudadanos.
Cuando un sector se regula y se gestiona por parte del Estado, la calidad del servicio es menor. Por ejemplo, en España el sector ferroviario está monopolizado. Solo se puede viajar con una compañía, que como bien sabemos no destaca por el buen estado de sus cuentas ni por la calidad del servicio. Sin Renfe se pone en huelga, olvídate de ir en tren. Sin embargo, en el caso de las empresas de autobuses o de aviones es distinto. El consumidor tiene dónde elegir y podrá seleccionar entre viajes más baratos u optar por la mayor calidad de los servicios. Se le da la oportunidad de elegir.
Si un sector está monopolizado, que en España hay muchos, el que siempre pierde es el contribuyente. No tiene otra opción y la empresa que se encarga del sector monopolizado no siente la necesidad de mejorar ni de ajustar sus precios, no tiene que competir.
Sin embargo, cuando accedemos a un mercado en el que sí existe la competencia y la libertad, es cuando observamos la verdadera democracia. Cada vez que cualquiera de ustedes va al supermercado a comprar, elije libremente una marca. Las empresas que vean descender sus ventas mejorarán sus productos o reducirán precio de estos y continuamente estarán mejorando. La competencia provoca eso, una continua mejora, avance y progreso.
La regulación significa siempre un camino de servidumbre. Obliga a los ciudadanos a seguir lo que el Estado dicta y la libertad brilla por su ausencia. Todo esto puede parecer palabrería a simple vista, pero si tomamos ejemplos reales se observa reiteradamente que la prosperidad nace cuando existe la libertad económica.
Muchos pensarán en los países nórdicos, que siempre se ponen como ejemplo por su fantástico sistema público. Sin embargo, los mismos que destacan eso, obvian que es en estos países donde existe una gran libertad económica. Si en Noruega disfrutan de un buen sistema público es porque la libertad económica ha generado riqueza y prosperidad para que esto pueda ser así.
Basta con mirar los países con mayor libertad económica y los países más ricos para observar el paralelismo. Casos en los que el libre mercado ha reportado riqueza, crecimiento y progreso a un país hay miles, Irlanda es su ejemplo más reciente. Sin embargo, casos de éxito económico en un país regularizado no existen. Ni Cuba, ni Venezuela, ni los países soviéticos consiguieron generar la prosperidad que solo se alcanza cuando se le da al ciudadano la libertad para elegir y la libertad para progresar.
Patricia Malagón [Twitter: @malagona]
Periodista. Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL












