El mundo actual, inmenso campo de concentración

1984

Apuestas Deportivas

Giorgio Agamben siempre nos ha ido iluminando con precisión. Durante estos días, aún más. Los gobiernos, amparados por los medios de comunicación/intoxicación de masas, recurren al miedo y la paranoia para proclamar estados de excepción: militarizar la vida de las personas y someter a la población mediante despóticas decisiones. Las nobles excusas. Lleva Agamben tiempo señalando la "tendencia creciente a utilizar el estado de excepción como paradigma normal de gobierno". Afirma tajante que el coronavirus es el nuevo pretexto para hacerlo, una vez "agotada la excusa del terrorismo".

El estado de excepción se exhibe como la leguleya manera de aquello que no puede poseer forma legal (es la autorización jurídica de eludir deliberadamente el ordenamiento jurídico) y su corolario más palmario es la pavorosa limitación de la libertad, aceptada en nombre de un discutible deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que ahora arbitran para satisfacerla.

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Permanentes estados de excepción, vidas feas

Estados policiales, hipermilitarización, hondo deterioro de derechos, tendencias bonapartistas de los gobiernos europeos. Llegado el caso, hambrunas. Recordemos el genio de Walter Benjamin, axial en las hodiernas controversias, quien aseveraba que "la tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción (en España, curioso y sórdido eufemismo, lo denominan de alarma) en el que vivimos es la norma” ('Sobre el concepto de historia', tesis VIII). Todo lo circundante durante estos días, paradigma de la vida concentracionaria, nuda y desnuda. Y (muy) opresiva. En fin.

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