'Marditoz referendumz...'

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Apuestas Deportivas

A veces la Historia se hace harto odiosa. Especialmente para los que la cogen y la violan a diario según convenga a sus intereses ideológicos.

Siempre existen comparaciones entre momentos históricos actuales con otros que suceden en otros puntos del planeta, o bien con otros del pasado. Hoy tenemos la comparación entre los "procesos soberanistas" escocés y el catalán –ojo al lenguaje positivo usando palabras como "democracia", "soberanía", "independencia" en lugar de "unilateralismo", "imposición" y "separatismo". Se dice que del resultado del primero se podrá prever el del segundo, es decir: que si los escoceses, a los que todos vemos sin querer con los pelos al aire y los kilt a lo Mel Gibson/William Wallace en Braveheart, se emborrachan de independencia del eterno enemigo de toda potencia que se precie, es decir, del Imperio Británico –que es lo mismo que decir Reino Unido, no jodamos-, en Catalunya tendremos una resaca separatista similar, con la diferencia que en vez de heroísmo céltico tendremos el victimismo llorón por el que se caracteriza el ¿patriotismo? catalanista-indepe actual.

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Primero de todo, no se comenta que el actual "Estado de las Autonomías" es estudiado como un modelo de estado federal, sin autonomía fiscal. Por lo que realmente aquí lo que preocupa es la pela, y punto, porque de retroceso cultural y de "apagón histórico" estamos bien servidos –perdón, le llaman "inmersión lingüística" y "reivindicación de la identidad". Se pasa por alto la nueva nomenclatura usada por el discurso del "pensamiento único" de las instituciones de la Generalitat y todo lo que subvenciona y mangonea, que proclama independentistas contra unionistas, términos usados en otros enclaves donde la unidad no existe, por lo que tiene sentido, pero no aquí en las relaciones Catalunya-España.

No se comenta que Escocia goza desde hace muy poco, desde finales de los años noventa del pasado siglo, de la autonomía que aquí gozamos desde la implementación de la constitución, con C minúscula, de 1978. Tampoco se comenta que se vote o no se vote, la independencia de partes de los Estados miembros de la Unión Europea no está contemplada en el Derecho Comunitario, por lo que el independentismo catalán cree que dispone del un material genital con mayor peso de lo común como para sentar cátedra y crear un nuevo Estado dentro de la Unión Europea. Consiguiendo lo que ni siquiera los flamencos, esos hijos del Imperio donde no se ponía el Sol, llevan reclamando desde la creación del Estado belga: su independencia de los valones, esos hijos de las Galias.

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Como "Votar és democracia" que dicen los impulsores del intento de consulta independentista –otra vez el lenguaje positivo, cuando es un referéndum unilateral al margen del marco jurídico- habrá que recordarles cuán "demócratas", por esa lógica, eran otras épocas. En el Tercer Reich se celebraron diversos y coloridos referendos, y la gente bien que votó y un señor con flequillo y bigote a la moda se legitimó una y otra vez. O podemos irnos a aquella época en la que un pequeño gallego con voz aflautada era menos discutido que Mas y Junqueras en una junta de vecinos sordomudos, en aquella España dolorida tras la guerra, en la que en 1947 y en 1966 se votaron sendos referendos con resultado positivo; así mismo, y aún sin tener claro eso de "democracia" actual, en 1976 se aprobó otra reforma mediante referendo. ¿Manipulación del electorado, de los votos, de todo? Puede, como en los tres referendos posteriores "ya en democracia". Y es que votar no es sinónimo de democracia, cuando no existen las condiciones para esta: manipulación y sesgo de la información a la que accede el votante, condicionamiento educativo para un determinado voto, determinación de "reglas del juego" –quién vota, dónde, etc- dictaminada sin garantías. ¿Les suena? Pues en Catalunya este 9 de Noviembre, si hay pebrots, lo viviremos.

Jordi de la Fuente. Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración.