La Liada de la Diada

Levantarme bien fastidiado de sueño es lo de cada día cuando se está hasta las tantas trabajando. Pero levantarse con berreos, con banderas cubanas con colores adulterados, con imágenes de niños casi de teta con tales banderas, al lado de paquistaníes vendiendo a todo quisqui el trapo de la separación y de la discordia cuales latas de cerveza en pleno centro de Barcelona... levantarse así es un poco peor.
Ya nos han vuelto a liar a los catalanes. Y a los que no, también. Una buena inversión en organización, en autocares, en camisetas, en banderas estelades y en parafernalia, en "feissbuk" y en "apps" para el móvil, por parte de la Generalitat –perdón, de la Assamblea Nacional Catalana, oigan- tiene el resultado que tiene: para ellos mismos 1,8 millones de personas, para la ciencia, máxime 600.000 (y es que todavía no somos la India para meter a 9 personas en un metro cuadrado multiplicado por 200.000 metros cuadrados, lo siento) que ayer se olvidaron de lo más tonto del mundo. Lo que menos importancia tiene en estos tiempos, claro: de la corrupción del Clan Pujol –demasiado fácil-, de los recortes de Mas y de CiU –tantos o más que los del funesto PP a nivel nacional-, del vacío internacional que devendría la independencia, de la profunda injusticia social que se vive en Catalunya a base de desahucios, de comedores sociales a reventar, de discriminación positiva para unos –de fuera- y negativa para otros –"els de la terra", excluidos tantas veces de servicios sociales y de ayudas oenegetas. O sea, una auténtica labor de divulgación, manipulación y adoctrinamiento digno de los mejores tiempos de cualquier dictadura totalitaria. Que sí, que sí, que la democracia liberal también lo es, de totalitaria, y a los hechos me remito.
Y he seguido pasando el día sin saber qué era peor, si los que se quieren separar, o los que consienten el asunto y encima animan, es decir, los perfectos separadores. De separatistas he conocido muchos, toda la vida. De padres a hijos. Pero de separadores también unos cuantos, los menos, pero que horrorizan cuando hablan. "Que se separen ya", dicen. Pues encantado estaría que tales separadores se separaran de España, que se fueran a una isla imaginaria, junto a los nuevos separatistas de corte económico, que son independentistas porque "tendremos más dinero". En ese caso podrían hacerse... rusos, que su economía no va tan mal y encima últimamente ganan espacio por lo que era Ucrania. Pero no creo que sean tan consecuentes y lógicos.
Tal vez lo mejor del día haya sido algo simbólico, pequeño, insignificante, pero gratificante para un servidor. Trabajar duro, echarle horas, sudar mucho pero ataviado con la bandera española y la senyera en el pecho, mientras en cada notita para cada cliente plantaba un "Gràcies, Visca Catalunya, Viva España!". Cosas del seny y de los que no renunciamos a nuestras raíces, ni por dinero, ni por posición, ni por cantos de sirena.
Porque mi patria no se mide en €uros, ni se mide en partidos políticos hasta las trancas de corrupción o que la consienten, ni se mide en cuántos decibelios eleva la paranoia colectiva que TV3 alimenta. Mi patria es lo que mis abuelos, mis padres y yo mismo trabajo cada día, desde unos valores y desde el respeto que a ellos me debo. El resto no es patria, el resto es... una Liada.
Jordi de la Fuente. Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración.
Portavoz Nacional del Movimiento Social Republicano (MSR).












