El hombre tiende a olvidar y para evitar que se repitan grandes errores, a un equipo de científicos se les ocurrió allá por 1947 recordar periódicamente a la humanidad lo cerca que puede llegar a estar de su propia destrucción. Mientras el mundo se recuperaba entonces de la devastadora destrucción sufrida durante la II Guerra Mundial, el Boletín de Científicos Atómicos de la Universidad de Chicago (EEUU), revista fundada dos años por Albert Einstein y varios colegas de ese centro, le dio forma a esta idea a través del famoso Reloj del Apocalipsis o del Juicio Final (Doomsday Clock, en inglés).