Un país de gilipollas: colas en supermercados para comprar papel higiénico por miedo a la guerra de Irán

Cinco años después de la pandemia, la humanidad vuelve a demostrar que ha aprendido exactamente lo mismo que entonces: nada. En las últimas horas se han vuelto a ver colas en supermercados y estanterías vacías de papel higiénico, esta vez motivadas por un nuevo fantasma colectivo: el temor a un desabastecimiento global derivado de la escalada de tensiones con Irán.

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La escena resulta familiar. Muy familiar. Demasiado familiar.

Carritos cargados hasta arriba, clientes mirando con ansiedad los lineales y un producto aparentemente estratégico —el papel higiénico— convertido de nuevo en símbolo de supervivencia nacional.

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Porque si algo nos enseñó el año 2020 es que, ante una crisis internacional, lo más importante para buena parte de la población no es el petróleo, ni el gas, ni los alimentos básicos. Lo verdaderamente imprescindible es poder limpiar el trasero con tranquilidad.

El déjà vu de la pandemia

Durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19, las imágenes de supermercados vacíos recorrieron el mundo. Los ciudadanos, convencidos de que el colapso del sistema estaba a la vuelta de la esquina, decidieron que lo más sensato era comprar cantidades industriales de papel higiénico.

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Los expertos intentaron explicar entonces algo bastante simple: no existía ningún problema en la cadena de suministro.

Pero la lógica rara vez gana cuando entra en juego el pánico colectivo.

La historia se repite ahora con el conflicto en Oriente Medio. Bastan algunos titulares sobre tensiones con Irán para que resurja un reflejo casi pavloviano en miles de consumidores: correr al supermercado y comprar papel higiénico como si se fuera a declarar el estado de sitio intestinal.

El curioso estatus estratégico del papel higiénico

Desde el punto de vista económico, la escena tiene algo de fascinante.

El papel higiénico se ha convertido en una especie de bien psicológico de primera necesidad. No porque realmente vaya a escasear, sino porque su ausencia en los estantes produce una sensación de inseguridad inmediata.

En términos de comportamiento colectivo, funciona casi como un indicador del pánico social.

Cuando las estanterías de papel higiénico empiezan a vaciarse, normalmente no es porque haya escasez real, sino porque todo el mundo teme que vaya a haberla.

Y ese miedo acaba provocando exactamente lo que pretendía evitar.

Psicología del pánico: cuando el miedo se contagia

Los economistas lo describen como un fenómeno de comportamiento en masa.

Una persona ve a otra comprar diez paquetes de papel higiénico. La siguiente interpreta que quizá sabe algo que ella no sabe. Y la tercera decide que lo más prudente es hacer lo mismo.

En cuestión de horas, el supermercado se convierte en una coreografía absurda de carritos desbordados.

La paradoja es que la mayoría de las veces el problema no es la producción, sino el propio comportamiento del consumidor.

El resultado final es un pequeño espectáculo sociológico que se repite cada vez que aparece una crisis internacional.

De la pandemia a la guerra: misma reacción, distinto titular

Lo realmente llamativo es la facilidad con la que el fenómeno reaparece.

Durante la pandemia, el motivo era el confinamiento. Ahora, la explicación es la posible inestabilidad global derivada del conflicto con Irán.

Pero la reacción social es prácticamente idéntica.

Cambian los titulares, cambian las crisis, cambian los expertos en televisión.

Lo único que permanece constante es la obsesión por llenar el carro de papel higiénico.

Una lección que nunca terminamos de aprender

En teoría, la experiencia reciente debería haber servido como vacuna contra este tipo de comportamientos.

La pandemia demostró que las cadenas de suministro modernas son extraordinariamente resistentes. Los supermercados siguieron abastecidos en casi todos los países del mundo incluso en el momento más duro de la crisis.

Sin embargo, cada nueva incertidumbre internacional vuelve a activar el mismo reflejo colectivo.

Y así, mientras analistas geopolíticos discuten sobre energía, rutas comerciales o estabilidad regional, miles de personas llegan a la misma conclusión estratégica:

«Por si acaso, mejor compro papel higiénico».

La historia, una vez más, demuestra que la geopolítica global puede cambiar muchas cosas… pero no las prioridades del consumidor medio cuando entra en pánico.

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