Ante la catástrofe causada por la excesiva desregulación de los mercados financieros y la imposibilidad de resolverla a nivel nacional, el Vaticano renovó la propuesta de «Autoridad política mundial» del 2009, pero añadiendo un ambicioso proyecto constituyente para llegar a crear un "gobierno mundial" tomando como punto de referencia el sistema de Naciones Unidas.
Pandemias mundiales que matan a millones de personas, cuarentenas obligatorias, confinamiento de las poblaciones, puestos de control de la policía y al ejército, tarjetas de identificación biométrica, y un mundo controlado por los gobiernos de arriba hacia abajo, con prácticas absolutamente dictatoriales… No, no me estoy refiriendo al mundo actual, que reúne ya prácticamente todas estas características, implementadas con la excusa de la pandemia del coronavirus, ya que ese mundo casi apocalíptico devastado por tantas lacras y horrores es un escenario para el futuro del planeta que diseñó en el año 2010 la Fundación Rockefeller, descrito en su estudio «Escenarios para el Futuro de la Tecnología y el Desarrollo Internacional», desarrollado en colaboración con la Global Business Network ―Global, ¡cómo no!―, empresa especializada en la planificación de escenarios y aprendizajes experimentales.
En el artículo anterior explicamos que en la actualidad ―y desde hace mucho tiempo―, además de disponer de un apocalíptico arsenal nuclear, la perversidad de una élite perturbada ha creado agentes patógenos letales que se pueden utilizar como armas biológicas, en campañas de bioterrorismo. Tal ha sido el caso del COVID-19.
Más de la mitad de la población se encuentra bajo algún tipo de confinamiento mientras los países buscan detener un virus que ha infectado a más de 840.000 personas
El Gobierno del conservador Eduardo Dato, aprobó e instauró en 1921 el primer seguro obrero de España destinado para que los trabajadores cobrasen una prestación económica al finalizar su vida laboral. La Ley del Retiro Obrero sirvió para frenar las revueltas anarquistas y radicales que estaba viviendo España, consiguió crear cierta paz y armonía social en unos años muy convulsos.
Dean Koontz (Pensilvania, Estados Unidos, 1945) lanzaba una novela de terror en 1981 titulada «En los ojos de la oscuridad». Poco podía imaginar el reconocido escritor americano que, cuarenta años después de su publicación, el título volvería a acaparar los titulares de los medios de comunicación por adelantarse al presente: el autor habla de un virus creado en varios laboratorios militares por parte del Partido Comunista Chino.