¡Los podemitas están de suerte! Consiguen revivir cerebros de cerdos que llevaban 4 horas muertos

Cuando el flujo de sangre deja de llegar al cerebro de los mamíferos -incluidos los seres humanos-, el órgano se degrada rápidamente, produciéndose una cascada de daños celulares, la destrucción del tejido y un camino solo de ida directo hacia la temida muerte cerebral. Sin oxígeno y sin sangre, la actividad eléctrica y los signos de consciencia y percepción desaparecen en segundos, aunque las reservas de energía aún tardarán en agotarse unos minutos. De forma paralela, múltiples mecanismos conducen a la obstrucción generalizada del flujo sanguíneo de los pequeños vasos, lo que produce un estado, en teoría, irreversible. En teoría.
















