“He prohibido la traducción al castellano del libro. Por contrato. No quiero contribuir a la bilingüización de la literatura catalana. Como el componente es sentimental, eso me hace tenerlo todavía más claro. Cuando publiqué “El precio de ser madre”, que era un libro más periodístico, no me importó que me lo tradujeran, y he vendido más en castellano que en catalán. España ya lo tiene, esto: puedes no vender mucho en castellano, pero en comparación con el catalán siempre parecerá que has vendido un poco más. Pero con “Dietari sentimental” tuve muy claro que no quería traducción al castellano. También por el momento en que estamos, en un retroceso clarísimo del catalán".