Los separatistas no paran de sembrar odio en Cataluña. Y ahora con el fin del artículo 155 y las cuentas de la Generalitat desbloqueadas encima tienen más pasta del erario público para seguir con el ‘procés’.
La historia política de España desde la Transición hasta hoy ha recorrido un camino marcadamente descendente. Se inició esta larga etapa de cuatro décadas con una enorme carga de esperanza y un asombroso despliegue por parte de las elites dirigentes de aquel momento seminal de una admirable altura de miras, sentido del Estado, generosidad y responsabilidad. Los que sabían que su tiempo se había acabado supieron dejar el escenario con dignidad y decoro y los que llegaban para hacerse cargo del país renunciaron a la revancha y al rencor. El nivel medio de las figuras públicas que hicieron posible aquella transformación sin apenas traumas ni violencia era apreciablemente alto, tanto en formación como en experiencia, calidad humana y exigencia moral. Muchos de ellos tenían tras de sí biografías cuajadas de claroscuros, pero era difícil encontrar pigmeos intelectuales, saqueadores de las arcas públicas, falsificadores de currículo, mediocres o ágrafos.
Josep Borrell ha sido el primer acierto de Pedro Sánchez. Un acierto que, aunque ahora parece obvio, no era fácil tener la idea. Borrell es un catalán con prestigio en Europa y con una idea de Cataluña y de España que parte de la realidad y no del complejo. Su altura intelectual es indiscutible, y su vanidad siempre la ha puesto en favor de su obra y nunca de su persona, como fue el caso de su predecesor en el cargo, un Margallo tan ansioso por parecer siempre el más listo de la clase que se olvidó de que su cometido era España y permitió que un Romeva cualquiera -porque Romeva es un cualquiera- le acabara ganando la batalla de la propaganda internacional del proceso independentista. «La internacionalización del conflicto», dijeron. Y mientras Margallo se miraba al espejo, lo consiguieron.
El que suscribe fue imputado hace ya más de dos años (entonces no existía el término investigado), por el juez Pedraz, el fiscal Daniel Campos y un inspector de la UDEF (Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía Nacional), como dirigente de una “organización criminal”, dedicada a extorsionar a Bancos y a la Infanta Cristina de Borbón.
Hace tiempo me hablaron del caso de una menor que adoraba a su padre pero con multitud de impedimentos por parte del entorno materno donde supuestamente se la maltrataba. Hoy vuelve a la actualidad porque una juez, desoyendo los criterios de expertos, aprueba su hormonación.
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