Minutos después de que el Santiago Bernabéu estallara de gozo, el presidente del PSG, Nasser Al-Khelaifi, se marchó a la carrera del palco, con las pulsaciones a mil por hora. Detrás de él, el director deportivo, Leonardo. Su objetivo era encontrar a Danny Makkelie, el colegiado neerlandés, por las tripas del estadio blanco. Un traslado que, obviamente, conoce mucho peor que el del hogar parisino. En el descanso del duelo de ida en París, los mismos protagonistas habían bajado a presionar a Daniele Orsato. Esta vez, a su entender, igual que al de la mayoría de la expedición francesa, el primer gol de Karim Benzema, el que propició la remontada, vino precedido de una falta sobre el portero rival. De ahí su tremendo calentón. No saben perder.