Las jugadoras de la Selección Femenina posan con el puño en alto haciendo el símbolo comunista

Las jugadoras de las selecciones femeninas de España y Suecia se sabían en el centro de todas las miradas y no dudaron en aprovecharlo para lanzar un doble mensaje al mundo. El deporte hace mucho tiempo que se ha convertido en el mejor escaparate para las reivindicaciones políticas.

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Unidas tras una pancarta en la que se leía "#Se Acabó. Our fight is the global fight" (Nuestra lucha es una lucha global)". A Jenni Hermoso el otro, posando con el puño cerrado, empoderadas, con un esparadrapo a modo de pulsera en la muñeca en la que cada una escribió 'Se acabó' junto a un número 10, el dorsal que lució la jugadora española en el Mundial.

Supuestamente, es un gesto de apoyo y reivindicación feminista que, casualmente, coincide y es exactamente igual al puño cerrado, símbolo del comunismo. Una imagen que nos retrotrae y recuerda peligrosamente a otras épocas que ya creíamos olvidadas en el abismo de la historia.

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Las internacionales respetaron todos los actos protocolarios a los que obligaba la UEFA, serias en los himnos, con intercambio de banderines, pero cuando tocó posar, las españolas, que ya había alzado la voz, mostraron sus muñecas acordándose de quien faltaba. Fue entonces cuando Alexia, que no ejerció de capitana pese a que en las alineaciones oficiales así aparecía, buscó la pancarta, la desplegó y las suecas se abrazaron.

No sólo hubo gestos en el césped. La grada también respondió. Desde que España bajó del autobús a su llegada al Gamla Ullevi recibió el respeto de la afición sueca con aplausos y gritos de ánimo. En la zona de animación del estadio, sede de la selección femenina sueca y lleno para debut en la Nations League, se pudieron leer también dos pancartas. Una con el lema que para el fútbol equivale al #MeToo: "Se acabó' y otra con un sentido 'Con vosotras. Jenny y La Roja" y una bandera sueca.

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Pese a que el balón volvió a tomar protagonismo, a muy pocos les importaba lo que ocurría sobre el terreno de juego. Las futbolistas españolas han sido utilizadas políticamente en un espiral mediático de odio a dispersión que las va a acabar engullendo a todas. Las tirarán como un kleenex y se olvidarán de ellas cuando ya no las necesiten. Al tiempo.